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Un aspecto interesante es el que se refiere al
espíritu solidario en las labores del agro. La comunicación, la imitación
desenvuelta, la tolerancia y la alianza son las actividades esenciales de la
asociación. El mutuo auxilio es el fundamento de la organización económica. La
asociación no es perfecta, sin embargo, es agradable y simpática.
En el Paraguay se fueron formando durante el tutelaje hispano, a través de los
siglos, factores de acercamiento, compenetración y cooperación. Y tan
persistentes eran esas costumbres, que aun subsisten en el campesinado
paraguayo.
Así tenemos, que según antiguas usanzas, el dueño de un trapiche invita a los
vecinos. Todos acuden a la cita y ofrecen sus servicios en forma gratuita en las
labores de la fabricación de la miel. Así simultáneamente se van realizando
festejos, consistentes en comidas, mosto, música y baile. Se establecen turnos;
mientras los unos trabajan los otros se divierten, y viceversa la tarea suele
durar una, dos o tres semanas.
En el terreno textil, carecen de organización gremial y en muchos casos las
tejedoras de ñandutí que trabajaban ocasionalmente y siempre en distinta casa.
Estas artesanas se limitan a la producción de tejidos caseros cuya producción
suele abastecer una importante demanda de tejidos de uso común y así sobreviven
en la labor combinada, plenas de satisfacción.
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info. |
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Pedro
Juan Caballero
(1786-1821)
Militar y político paraguayo. Nacido en Tobatí, el 9 de
marzo de 1811 participó en la derrota de las fuerzas del
líder independentista rioplatense Manuel Belgrano en el río
Tacuarí, a manos de los paraguayos que rechazaban la anexión
a los insurgentes bonaerenses.
El 14 de mayo de ese año, fue el principal jefe del grupo
revolucionario que destituyó al gobernador español de
Paraguay, Bernardo de Velazco, a quien se le impuso un
triunvirato que, presidido por el propio Velazco, estaba
formado también por José Gaspar Rodríguez de Francia y por
Juan Valeriano Zeballos.
El 17 de junio, se eligió una Junta Gubernativa presidida
por Fulgencio Yegros y compuesta por Rodríguez de Francia y
el propio Caballero, entre otros. Proclamada la República el
12 de octubre de 1813, Yegros y Rodríguez de Francia
formaron un consulado hasta que, en 1814, éste fue designado
dictador supremo. Caballero pasó a engrosar las filas de los
opositores al autocrático y aislacionista Rodríguez de
Francia.
En 1820, fue encarcelado en Asunción junto a otros
conspiradores. Un año después, se suicidó en prisión.
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Ese espíritu solidario se manifiesta en todos los
trabajos de la tierra los vecinos se unen hoy mismo, se dan la mano en todo,
empezando desde la construcción de las viviendas en que se ayudan mutuamente.
Para la labranza de la tierra, los más pudientes prestan bueyes y orados o los
más pobres y, alternativamente, se ayudan en la carpida o en la cosecha, lo
mismo que en la molienda de mandioca para la fabricación del almidón.
Lo mismo ocurre en los yerros o marcaciones de animales. Las tierras de labor de
diferentes vecinos están cercadas, generalmente, en común, con un alambrado
colectivo, de cuya conservación todos cuidan. En los alrededores de algunos
pueblos existen todavía los antiguos campos comunales (ejidos). Hasta en la
construcción de las iglesias la obra es común, la Iglesia Virgen del Rosario de
Luque es una obra colectiva.
Al cabo de trescientos años de colonialismo llegamos a las causas que
contribuyeron o la formación del espíritu revolucionario en las colonias
españolas de América. La inmensidad del imperio colonial español, su alejamiento
de la metrópoli, alto grado de prosperidad relativa de esas colonias, los
efectos del sistema económico y político restrictivo de la metrópoli con las
colonias, la intervención de Napoleón en España, los principios proclamados por
la Revolución Francesa, el ejemplo de la emancipación de las colonias inglesas
de América y el sentimiento de amor por el suelo natal, fueron los factores que
influyeron decididamente en la emancipación de las colonias hispanoamericanas.
Las discrepancias latentes en el Paraguay contra régimen español se
precipitaron. Había, pues, que canalizarlas en un solo anhelo, en una única
aspiración, y ala salida de la situación no podría ser otra que ésta: formar un
gobierno autónomo. Era necesario administrarse libremente; participar
directamente en el gobierno; no pagar impuestos onerosos; anular los monopolios;
hacer que los gravámenes y rentas recaudados por España pasen a poder de la
nación. Por ello, el pueblo debía rebelarse. Tenía el derecho a la insurrección,
enarbolada por Rousseau en su "Contrato Social".
Realizado el pronunciamiento del Capitán Pedro Juan Caballero contra el
Gobernador Velasco en 1811, acudió presurosa al cuartel a pedir armas y ofrecer
una gran parte del pueblo, apercibida del movimiento, sus servicios. La ola
revolucionaria, pequeña al principio, creció rápidamente. Como la revolución
paraguaya tenía raíz popular, la acción de las masas fue definitiva en el
estallido libertador.
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