Segunda Quincena de Julio/2005

Lo cierto es que, vivimos en una de las economías más inestables del mundo y que contamos con una institucionalidad y una cultura marcadamente antidemocrática, (dos golpes de estado en diez años 1989 y 1999) que no puede traducirse en buenas intenciones o en avances democráticos reales. Esa es la razón de porque le tenemos miedo a la competencia.

 

Listas cerradas o miedo a la competencia y al riesgo político.


a competencia seria como reinventar la democracia y hacerla realmente participativa, pero sin lugar a dudas las barreras son múltiples: los paraguayos somos seres que creemos todo cuanto se nos dice, que la mayoría renuncia a la participación política porque no vislumbra un impacto directo en sus vidas, o porque no depende para sobrevivir de un cargo del estado, (no es soquetero) o no se organiza por temor a represalias y desconfianzas en el otro.

El sistema de listas cerradas, que reduce el riesgo de la competencia y canibaliza la política al interior de un partido, (Colorado o Liberal) de un mismo bloque, este tema no ha querido ser tocado por los mismos dirigentes políticos y parlamentarios que obligan a la más fuerte de las competencias en el acceso a bienes sociales que debieran ser considerados derechos de todos los ciudadanos.

Mientras, los que están desde afuera observando la política, no logran dar a luz credibilidad a la ciudadanía, ésta mantiene el grado de desconfianza y distancia creciente que ha mostrado hacia los partidos y el parlamento durante estos años, cada vez concurre menos gente a votar en las primarias partidarias.

Quienes vivimos en una sociedad que se enfrenta diariamente a riesgos. Sin mencionar el peligro de los accidentes en el transporte y carreteras, (muestra de ello son las calles de Luque) o la inseguridad por la violencia en las calles e intra familiar, el empleo, la salud y la jubilación son fuentes de riesgo con los que han tenido que aprender a convivir, trabajadores, enfermos y viejos.

Pero lo que es bueno para unos, no lo es para otros. Tenemos a muchos dirigentes políticos y parlamentarios que hablan de las bondades del mercado en especial los Liberales, la libre competencia en todos los ámbitos (y el mercado, como espacio de competencia, es obviamente un riesgo), pero que huyen de los riesgos políticos, que se las arreglan para minimizar, si no eliminar, la competencia al interior de su partido en la obtención de un cupo y su nominación como candidatos, a sabiendas de que el sistema de listas cerradas asegura después su elección parlamentaria. Los riesgos sociales están bien, pero ni hablar
de los riesgos políticos. Cada vez menos gente se acerca a los partidos políticos.

En cada partido existen los parientes indeseados, esos que uno se esconde cuando vienen de visita a nuestra casa, trabajan aislados en una que otra universidad, o escondidos en algún buen centro de estudios que financia un "padrino" dispuesto a pregonar el liberalismo, pero con "orden moral", o sea, neoliberalismo de la más arcaica estirpe. Estos parientes indeseados están en todos los partidos, al momento de entrar en una lista, lo hacen en absoluto silencio, a sabiendas que obtendrán un cargo público.

Por otro lado, en el resto del arco político se dedican a hacer cuanto lobby o asesoría sea posible, ya que, como decía Martín Lutero: "si vas a pecar, peca fortiter" (traducción libre: si vas a atropellar, dedícate a estar en una lista política).

Pertenecer a la camarilla o al grupo de poder que decide los cargos en el partido, instaurar el principio que el ejercicio de un cargo genera derechos adquiridos, mantener un padrón electoral envejecido y, (los paraguayos en el exterior no votan) por lo mismo, previsible, así como un sistema electoral que anula los riesgos de la competencia, (listas cerradas) son los ingredientes que regulan la actividad política criolla, por contraste con las implacables reglas del mercado que regulan las relaciones económicas y sociales de grandes y chicos, de fuertes y débiles, de ricos y pobres.

Los mismos políticos que se resisten a legislar, mínimas condiciones de seguridad frente a los riesgos sociales y que eluden cualquier regulación que proteja socialmente, ante tanta incertidumbre, son los que evitan, a toda costa, introducirle algún elemento de competencia efectiva al sistema político.

Pero, eso sí, el sistema de listas cerradas se mantiene contra viento y marea, así esté erosionando la credibilidad del sistema político y tornando irrelevante la democracia.

Que nadie cuestione a los grupos de poder interno de un partido, de la designación del candidato a cualquier puesto publico y que nadie intervenga modificando el papel pasivo asignado al elector, para que éste sólo se ratifique en las urnas ante tal designación.

Y ahora, con igual lógica, estas mismas bancadas, sostenedoras de este sistema político se niegan a votar el proyecto de inscripción automática de Paraguayos en el exterior - que asume los derechos políticos como universales- si es que no queda expresamente señalado, no habrá un proyecto de ley que cambie esta situación. Otra antipatía al riesgo político.

Y no lo hacen, más allá de una retórica demagógica, por el solo hecho de que la incorporación automática de un millón y medio de nuevos electores que nunca antes han votado y de los que no se puede predecir el comportamiento, (Paraguayos en el exterior) introduce un factor de riesgo en los resultados electorales, por contraste con el padrón actual cuyo envejecimiento permite predecir las conductas electorales y controlar en buena medida los resultados.

Pero, la antipatía al riesgo en la política entraña el mayor de los riesgos, el de hacer de ésta una actividad de mala calidad y convertir la democracia en una cuestión insustancial.

 


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