|
![]() ![]() |
a
competencia seria como reinventar la democracia y hacerla realmente
participativa, pero sin lugar a dudas las barreras son múltiples: los paraguayos
somos seres que creemos todo cuanto se nos dice, que la mayoría renuncia a la
participación política porque no vislumbra un impacto directo en sus vidas, o
porque no depende para sobrevivir de un cargo del estado, (no es soquetero) o no
se organiza por temor a represalias y desconfianzas en el otro.
El sistema de listas cerradas, que reduce el riesgo de la competencia y
canibaliza la política al interior de un partido, (Colorado o Liberal) de un
mismo bloque, este tema no ha querido ser tocado por los mismos dirigentes
políticos y parlamentarios que obligan a la más fuerte de las competencias en el
acceso a bienes sociales que debieran ser considerados derechos de todos los
ciudadanos.
Mientras, los que están desde afuera observando la política, no logran dar a luz
credibilidad a la ciudadanía, ésta mantiene el grado de desconfianza y distancia
creciente que ha mostrado hacia los partidos y el parlamento durante estos años,
cada vez concurre menos gente a votar en las primarias partidarias.
Quienes vivimos en una sociedad que se enfrenta diariamente a riesgos. Sin
mencionar el peligro de los accidentes en el transporte y carreteras, (muestra
de ello son las calles de Luque) o la inseguridad por la violencia en las calles
e intra familiar, el empleo, la salud y la jubilación son fuentes de riesgo con
los que han tenido que aprender a convivir, trabajadores, enfermos y viejos.
Pero lo que es bueno para unos, no lo es para otros. Tenemos a muchos dirigentes
políticos y parlamentarios que hablan de las bondades del mercado en especial
los Liberales, la libre competencia en todos los ámbitos (y el mercado, como
espacio de competencia, es obviamente un riesgo), pero que huyen de los riesgos
políticos, que se las arreglan para minimizar, si no eliminar, la competencia al
interior de su partido en la obtención de un cupo y su nominación como
candidatos, a sabiendas de que el sistema de listas cerradas asegura después su
elección parlamentaria. Los riesgos sociales están bien, pero ni hablar
de los riesgos políticos. Cada vez menos gente se acerca a los partidos
políticos.
En cada partido existen los parientes indeseados, esos que uno se esconde cuando
vienen de visita a nuestra casa, trabajan aislados en una que otra universidad,
o escondidos en algún buen centro de estudios que financia un "padrino"
dispuesto a pregonar el liberalismo, pero con "orden moral", o sea,
neoliberalismo de la más arcaica estirpe. Estos parientes indeseados están en
todos los partidos, al momento de entrar en una lista, lo hacen en absoluto
silencio, a sabiendas que obtendrán un cargo público.
Por otro lado, en el resto del arco político se dedican a hacer cuanto lobby o
asesoría sea posible, ya que, como decía Martín Lutero: "si vas a pecar, peca
fortiter" (traducción libre: si vas a atropellar, dedícate a estar en una lista
política).
Pertenecer a la camarilla o al grupo de poder que decide los cargos en el
partido, instaurar el principio que el ejercicio de un cargo genera derechos
adquiridos, mantener un padrón electoral envejecido y, (los paraguayos en el
exterior no votan) por lo mismo, previsible, así como un sistema electoral que
anula los riesgos de la competencia, (listas cerradas) son los ingredientes que
regulan la actividad política criolla, por contraste con las implacables reglas
del mercado que regulan las relaciones económicas y sociales de grandes y
chicos, de fuertes y débiles, de ricos y pobres.
Los mismos políticos que se resisten a legislar, mínimas condiciones de
seguridad frente a los riesgos sociales y que eluden cualquier regulación que
proteja socialmente, ante tanta incertidumbre, son los que evitan, a toda costa,
introducirle algún elemento de competencia efectiva al sistema político.
Pero, eso sí, el sistema de listas cerradas se mantiene contra viento y marea,
así esté erosionando la credibilidad del sistema político y tornando irrelevante
la democracia.
Que nadie cuestione a los grupos de poder interno de un partido, de la
designación del candidato a cualquier puesto publico y que nadie intervenga
modificando el papel pasivo asignado al elector, para que éste sólo se ratifique
en las urnas ante tal designación.
Y ahora, con igual lógica, estas mismas bancadas, sostenedoras de este sistema
político se niegan a votar el proyecto de inscripción automática de Paraguayos
en el exterior - que asume los derechos políticos como universales- si es que no
queda expresamente señalado, no habrá un proyecto de ley que cambie esta
situación. Otra antipatía al riesgo político.
Y no lo hacen, más allá de una retórica demagógica, por el solo hecho de que la
incorporación automática de un millón y medio de nuevos electores que nunca
antes han votado y de los que no se puede predecir el comportamiento,
(Paraguayos en el exterior) introduce un factor de riesgo en los resultados
electorales, por contraste con el padrón actual cuyo envejecimiento permite
predecir las conductas electorales y controlar en buena medida los resultados.
Pero, la antipatía al riesgo en la política entraña el mayor de los riesgos, el
de hacer de ésta una actividad de mala calidad y convertir la democracia en una
cuestión insustancial.
|