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escritor de costumbres no escribe exclusivamente para esta o aquella
clase de la sociedad, también lo hace para la del futuro, que, queriendo
saber quienes éramos en estos años del Bicentenario de la Republica,
indagara, y tal vez en muchos años más, y leerá esta serie de artículos
que nosotros hemos preparado para ustedes, los de ahora.
La cuna, la riqueza, el talento, la educación, a veces obrando
separadamente, obrando otras de consumo, esto ha subdividido siempre a
los hombres hasta lo infinito, y lo que se llama en general la sociedad
en una amalgama.
Las costumbres se diferencian de las tradiciones de un pueblo, es decir,
el comportamiento común a todos sus miembros, en que tienen una base
organizativa y que, cuando se trasgreden son castigadas con mayor
severidad.
El actual territorio del Paraguay fue el asiento precolombino de la
Nación Guaraní y de otras comunidades indígenas nativas, no guaraní.
Posteriormente, tras la conquista y la colonia, se constituyó la actual
República del Paraguay, en el centro de la América del Sur.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a lo que más tarde sería
Paraguay, pero entendamos siempre un detalle muy importante: llegaron
más indios sumisos, indias y mestizos, que españoles, puesto que esa
misma noche los españoles se hicieron de pareja.
Años más tarde surgen las primeras casas, que son puramente guaridas,
campamentos, cuevas, dando paso a que surjan los primeros ranchos de
tacuaras, de barro, con puertas de cuero vivo. Más tarde las casas,
siempre sin imaginación, constarán de horcones de madera, de adobes y
vigas, entre cuyas junturas llenas de telarañas que cuelgan como
estalactitas, se ven la paja y el barro del techo.
Luego se fabricarán las primeras tejas morunas y las casas se irán
pareciendo a las de Sevilla y Toledo; constarán de enormes patios
plantados de naranjos y palmeras; los comedores son obscuros y todo el
lujo estará en el salón de piso enladrillado, con un brasero de plata al
medio.
En la esquina de la casa habrá una columna de piedra labrada para evitar
los deterioros del tiempo y de los roses de las carretas. Una zanja con
sapos pasará por la calle.
Los sapos, -nos detenemos aquí- un ejemplo claro de como se mimetiza a
la gente con ellos. Comúnmente llamados en guaraní kururu, (sapos) es
decir, referirse a la concepción popular, no científica, que la gente
tiene de estos peculiares, misteriosos y mágicos animales, los
batracios.
El sapo tiene el nombre de kururu en Guarani. Indagando en dos
diccionarios Guarani-Castellano, uno de Trinidad y el otro de
Villamayor; al respecto del sapo, dicen: “Kururu: Sapo. Anfibio anuro,
familia bufónicos. Posee una glándula que segrega un veneno muy
peligroso para la sangre humana”.
Hay que destacar que las nominaciones de las variedades siempre
estuvieron relacionadas con alguna característica exterior o ambiental
del animal: color (kururu pytâ), tamaño (ju’i titi) o el lugar o sitio
que habitan (ju’i pakova).
A partir de lo expuesto se deduce que el Guaraní y luego el paraguayo
rural aprendieron a diferenciar a los animales silvestres casi siempre
peligrosos o perjudiciales (aguara = zorro, jaguarete = tigre, guasu =
venado, ka’i = mono, mborevi = tapir, kapi’yva = carpincho, etc) de los
animales domésticos habitualmente mansos y útiles (jagua = perro,
mbarakaja = gato, vaka = vaca, kavaju = caballo, ovecha = oveja, kavara
= cabra, kure = cerdo, ype = pato, etc).
El hecho de haber vivido mucho tiempo en un ambiente natural, permitió
tanto al Guaraní como al Paraguayo, agudizar su poder de observación.
Muchas de las locuciones tradicionales (creencias, supersticiones, usos,
costumbres, leyendas y refranes, estuvieron y están siempre ligadas a
las plantas, los animales y los minerales. En síntesis, el habitante de
esta región siempre fue sensible y conocedor de su entorno natural.
Entre los Totobiegosodes (Ayoreos) existe una leyenda que trata de Ahoâi,
el hijo de las nubes; en cuya trama unos niños traviesos tenían la
costumbre de burlarse de Ahoâi, una nube mansa. A ella le tiraban con
palos, hecho que un día molestó grandemente a Ahoâi, que se convirtió en
una enorme nube negra y empezó a llover días y semanas, hasta cubrir
toda la tierra. Los niños traviesos se ahogaron y se convirtieron en
sapos, y pese a ello, seguían tentándose en el lenguaje de los sapos.
Ese es el kururu o sapo… peculiar, misterioso y mágico animal que varias
veces fue sacrificado y comparado con algún cristiano amigo nuestro, o
dicho de otro modo, Kururu puede ser; kururu piré, de piel con
cicatrices, gordo de cuello corto, pelota, rekaka de piel oscura y
petiso, si usted conoce alguno, háganos saber.