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Santuario Virgen del Rosario de la
Ciudad de Luque |
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Monseñor Zacarías Martínez pidió desde el pulpito a que "se perdonen los
pecados cometidos por el presidente Fernando Lugo", durante la misa
central celebrada en el Santuario Virgen del Rosario de Luque.
Durante su homilía culpo a la prensa de los hijos del ex monseñor, dijo
que; "la prensa agranda el conflicto de paternidad del ex obispo de San
Pedro y deja de lado varios hechos de corrupción, tratando de hacer un
paralelo que resulta bochornoso para los demócratas que votaron por
Lugo. Declaró a un medio de comunicación: "Tal como la Iglesia intervino
en momentos difíciles, cuando se violaba la dignidad humana, ahora
queremos defender y valorar el derecho de los que trabajábamos por esos
mismos derechos".
Estas palabras ponen en entredicho el proyecto democrático de la
transición en su dimensión social. Después de veinte años del golpe que
destrono al dictador, el resultado es tan precario que la Iglesia
Católica no sólo actúa ante un relevante conflicto social, sino que
prácticamente es solicitada para que lo haga. Paraguay se encuentra,
así, a la altura de algunas repúblicas de baja gobernabilidad que
necesitan de operadores externos para resolver sus más esenciales
problemas. El orgullo de ser paraguayo de que aquí las instituciones
funcionan es desmentido largamente por los hechos, en capítulos tan
básicos, por ejemplo, como el cumplimiento de las leyes laborales.
Sin embargo, el obispo instó a la feligresía luqueña a perdonar los
errores del Mandatario, quien durante su apostolado incumplió su voto de
castidad.
"Hay pecados de la Iglesia que la gente no nos perdona. Nadie perdona el
pecado del obispo, del sacerdote, del diácono o catequista; sin embargo,
al mundo le perdonan todo.
No nos perdonan nuestros pecados y, además, salen ampliadas en las
informaciones, como si fuera el único problema, habiendo otros más
graves en el país", expresó Mons. Zacarías Martínez, durante la misa
celebrada, en la que pidió a que se perdonen los pecados al presidente
Lugo.
Es todo un paquete inobjetable de problemas que son seguro semillero de
futuros conflictos. Es penoso que, ante este panorama, los restauradores
de la democracia, los cultores de la doctrina social de la Iglesia
Católica y los mismísimos socialistas se vayan dejando arrebatar las
banderas y aparezcan sumergidos en evaluaciones autocomplacientes que
buscan restar dramatismo a una situación que en poco tiempo puede
resultar explosiva. Mientras tanto, la Iglesia Católica puede aparecer
más representativa de ciertos sectores de la población que sus propios
representantes electos. No es la hora de pedir perdón, es la hora de
reflexionar.