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una constatación que incluye reminiscencias del pasado: las
organizaciones de trabajadores y su cabeza visible, la CUT, no tienen
"buena cobertura de prensa". En otras palabras, el movimiento sindical
es literalmente evacuado del escenario político nacional por los
analistas liberales y aliancistas. Mientras más sesudas son las crónicas
políticas e informes, menos aparece el actor potencialmente clave para
el futuro, el trabajador.
De ahí el valor del gesto político de algunos parlamentarios del ala
progresista de la Alianza al solicitar la presencia de los trabajadores
y abrirles la puerta, cosa que no se hizo mientras fue Ministro del
Trabajo Blas Llano. No reconociéndo de facto de como los actores
principales son los trabajadores, sin el cual
no hay agenda de desarrollo sustentable para el Paraguay.
Es lo que se desprende el ‘chake hecho por parte de varios movimientos
sindicales’ que saliendo a las calles le hicieron saber al Gobierno la
inconveniencia de liberar la INTERNET. La propuesta patronal de las
telefónicas era entablar negociaciones en el mismo marco establecido con
el gobierno pro liberal. Cuando en una coyuntura de mini recesión de la
economía, fijaron, sin la participación de los trabajadores, en una
agenda “pro crecimiento”.
Han pasado meses de la liberación de la INTERNET y el usuario no ha
visto mejorado el servicio, técnica ni económicamente. ¿Que paso? -Los
bienes del estado hoy son usados por las telefónicas privadas en forma
de concesión, gratis, como es el uso que estas compañías le dan a los
bienes y al cable de fibra óptica, que a la COPACO, -o sea a nosotros,
pueblo- nos costo varios millones de dólares.
Retrospectivamente, ésta significaba el statu quo. Era mantener las
mismas condiciones que habían permitido el crecimiento a la COPACO: hoy
sin chorreo hacia los asalariados, ni garantías de empleos estables.
No es lo mismo, Paraguay y los asalariados, en donde un profesional con
titulo, en una empresa de primer nivel, trabaja por un sueldo mínimo
obrero, diez horas (10 horas) o más por día, sin que por ello gane más.
¿Porque?, Pero cha migo, ¡¡Si no te gusta te vas!!, - es la respuesta-.
Ahora los parlamentarios de las patronales, tratan en audiencias
públicas la eliminación de la estabilidad laboral a los diez años, que
tiene cada trabajador. La modificación de este articulo el 94 del Código
Labora, la cual permitiría al empleador despedir a un trabajador sin más
tramite que pagando una indemnización, cosa que hoy no puede hacer.
Con la actual redacción el trabajador que cumpla los diez años de
antigüedad en el trabajo, adquiere estabilidad laboral. El espíritu con
que la ley fue hecha es lo que molesta a las patronales.
El Código del Trabajo en su Art. 262 dice; - La asignación familiar será
pagada siempre que el hijo esté en las condiciones siguientes: a) Que
sea menor de diez y siete años cumplidos, y sin limitación de edad para
el totalmente discapacitado físico o mental.
Las patronales entienden que se debe pagar hasta cumplir los 17 años y
no durante el año que tienen 17 años, ese año (a los 17) dejan de pagar
las asignaciones.
Y, como decía el “Lider”, ¡Anda a cantarle a tu abuela!, pareciera un
chiste si no fuera doloroso para el trabajador.
El trabajador de mandos medios se ve desbordado por el "pasante" que
¡¡trabaja gratis!! en las empresas por una formula Gobierno-Empresario
del primer empleo. Nada se ha hecho para solucionar este problema, el
Ministerio de Justicia y Trabajo, en manos de la derecha del
liberalismo, nada ha hecho.
Si fue un lema de campaña, lo de ‘gobierno ciudadano’ es interpretado
con razón como un gobierno que debe satisfacer las demandas ciudadanas.
Entre las prioritarias y postergadas están las de los trabajadores. Pese
a que son ellos quienes hacen funcionar con su trabajo esta economía
cuyo crecimiento desigual favorece a unos pocos.
Por eso, cuando los empresarios hablan de “restricciones regulatorias”
-que según ellos impedirían aumentar la productividad y el crecimiento-
en los oídos de los trabajadores el sonido es "kachiay de moda", resuena a
incertidumbre salarial y futuro incierto.
Ani ndresarái, (no olvide), que en la democracia paraguaya, los espacios políticos no
son los mismos para todos los actores. Hasta ahora los empresarios son
recibidos con alfombra púrpura en las salas del Ministerio del Trabajo.
Si éste es un detalle, la Ley Suprema no lo es.
La Constitución del 92 fue un gran esfuerzo por mantener el poder
político en manos de las elites y preservar el poder económico en manos
de un grupo social. Las listas cerradas, no a la segunda vuelta
electoral es sinónimo de representatividad excluyente. Hasta lo
grotesco: se les niega a los sindicalistas el derecho a ser electos, si
no están en una lista de algún partido político, mientras que se ensalza
la dudosa presencia de magnates en el parlamento.
Si el actor empresarial se mueve como pez en el agua en la
institucionalidad heredada del antiguo régimen, al contrario, al
movimiento sindical lo ha sido arrinconado y debilitado por las modalidades,
-son despedidos de las empresas-
y tipos de leyes y relaciones laborales impuestas por el modelo
económico.
No hay que extrañarse entonces que la institucionalidad entera esté
marcada con el signo de la sospecha. Y que en sus relaciones con la
sociedad civil y sus movimientos, lleve la impronta indeleble del
conflicto.
Bien lo saben la Sociología y la Ciencia Política, el movimiento
sindical es portador, más que ningún otro movimiento social, de un
conflicto que la democracia representativa y liberal trata de negar y
sepultar a todo precio.
Debajo del Estado de Derecho y detrás del reino de la ‘voluntad general’
de los ciudadanos, ‘iguales’ en tanto que titulares de derechos
formales, hay relaciones de fuerza de carácter social y económico que la
democracia liberal no pierde ocasión para ocultar (*).
Matriz societal, cruzada por otros conflictos (etnia, género,
culturales, y de mases) pero estructurante, es aquella fractura todavía
moderna, entre propietarios del capital por un lado, y,
asalariados-propietarios de la fuerza de trabajo, material e
intelectual, por el otro. Obvio, ellas se modifican al diapasón de las
dinámicas del capitalismo global. Pero las pugnas son reales, puesto que
la fractura económica y social, excluye, discrimina y segrega: material,
simbólicamente.
Factores determinantes que le dan plena vigencia a la pregunta que
legitima históricamente a la Izquierda, a saber: ¿cuáles son las
condiciones sociales y económicas para que una democracia auténtica
pueda extenderse y profundizarse sin excluir a los ciudadanos? Puesto
que si una democracia postula y exige que los individuos sean libres e
iguales en derechos, consecuentes con la misma lógica, la democracia y
sus ciudadanos deben bregar porque las condiciones materiales
(económicas, sociales, intelectuales) sean equitativas, simétricas, para
que posibiliten real y efectivamente el ejercicio de esos derechos.
Consecuencia de lo anterior es la búsqueda de una nueva forma de
representación política que se funde sobre el principio del ‘poder del
igual sobre el igual’ (**).
De ahí la vigencia y la necesidad de un movimiento sindical, autónomo,
amplio, cuyas estructuras y métodos produzcan liderazgos legitimados
capaces de afirmar su voluntad, no sólo en la negociación por el reparto
de la riqueza, sino en los grandes debates de sociedad. Y de una
izquierda que se construya ligada a las luchas sindicales y a la
confrontación de proyectos.
Pero ¿cómo olvidar que este movimiento sindical paraguayo fue
programadamente desmantelado con la fuerza bruta, durante 65 años de
dictadura? ¿Que aún así, como el ave Fénix, renació de sus cenizas y de
los escombros? ¿Que lideró las protestas del 80, cuando era acallada la
libertad de prensa en Paraguay, Marcial Vázquez, hoy un viejo dirigente
sindical, jubilado grafico, que alzo su voz en foros internacionales
clamando por la libertad en Paraguay, entretanto fue vapuleado por
algunos intelectuales que querían bajarle el perfil político-social,
para facilitar la puesta en práctica de la metodología de la negociación
consensual entre elites.
En efecto, vale la pena recordar, por su impacto duradero, las seudo
teorías que afirmaban que puesto que el movimiento obrero ya no era un
actor central, que había perdido su peso específico, que la sociedad se
había tercerizado, que el capitalismo era ‘convivial’, ‘cool’, que sólo
había ‘gente’, y que Carlos Marx estaba muerto; el movimiento sindical
tenía que contentarse con ser un espectador más de las maniobras de las
elites políticas, hoy empotradas en los puestos públicos.
Quienes machacaron la ideología ‘tercerista’, a lo Touraine y Giddens,
pretextando objetividad y espíritu científico, hoy aconsejan al
empresariado en sus estrategias de comunicación y, de pasadita, como si
no quiere la cosa, aprovechando que tienen oídos atentos en las
instituciones de la República y en los centros de poder, hacen lobby.
Vale la pena repetirlo hoy. El movimiento sindical paraguayo tiene todas
las condiciones para transformarse en un actor capaz de promover una
sociedad más justa y solidaria, a condición de construirse en los
diversos segmentos y nichos de asalariados, generar estrategias
ofensivas de sindicalización sobre bases pluralistas y unitarias y
preparar eventos electorales para dotarse de dirigentes idóneos y
legitimados entre las bases. En definitiva, someterse el mismo,
internamente, a la exigencia democrática.