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Edición de junio de 2008

La Guerra del Chaco fue un penoso episodio histórico que enfrentó a dos países hermanos en sangrientos combates, en nuestro continente americano entre 1932 y 1935. A lo largo de esos tres trágicos años, el Ejército paraguayo luchó contra un enemigo aguerrido y valiente, justo es reconocerlo, por más que durante muchos años, los de la dictadura que fungían gobernarnos  hayan tratado de minimizar la capacidad y las condiciones bélicas bolivianas.

Fue en conmemoración Nº 73 de la Paz del Chaco.

Desfilaron miles de estudiantes por las calles luqueñas.


esfilaron miles de estudiantes por las calles luqueñas. Estudiantes de escuelas y colegios de Luque participaron este miércoles 11 de junio. El 12 de junio cumplió el 73º aniversario de la Paz del Chaco, el sentimiento de esta generación con el pueblo boliviano es diferente, son nuestros hermanos.

Bellas chiroleras, alumnos con uniformes de gala, maestras y directivos de numerosas instituciones educacionales públicas participaron de este colorido desfile.

Muchos de nosotros, nuestros padres especialmente recuerdan que durante la Guerra del Chaco, y después de ella la palabra "¡El último, boli kuña!", y similares se emplearon entre los niños, a modo de juegos y como mofa de los más débiles, entre los jóvenes el apodo de "boli" ya era considerado un insulto.

Era expresar el desprecio que se inculcó al enemigo ocasional durante la Guerra del Chaco y este hecho creó una cierta imagen de superioridad y superioridad completa en lo que respecta a las tropas paraguayas en la guerra, "les ganamos fácil" fue la creencia que se inculco en esa juventud, hoy la de nuestros abuelos.

Sin embargo por razones políticas publicitarias de la dictadura no se tomo en consideración lo que el propio general José Félix Estigarribia, afirmaba en su discurso de conclusión de la guerra: "Habéis derrotado a un enemigo tenaz y a una naturaleza hostil", se refería a los altos jefes bolivianos: coronel Oscar Moscoso, general Julio Sanjinez, general Enrique Peñaranda, teniente coronel Felipe Rivera, coronel Bernardino Bilbao Rioja y David Toro Ruilova.

Al evocar hechos como estos, nuestra memoria nos disuade a ver nuestra realidad, nuestros problemas como nación mediterránea, rodeada por dos colosos, Brasil y Argentina.

Si Bolivia tiene problemas con su riqueza natural, los hidrocarburos, nosotros en igual condición los tenemos con la riqueza que generan las hidroeléctricas Itaipú con el Brasil, y Yacyretá con Argentina, estas dos hidroeléctricas construidas en territorio paraguayo nos aportan los recursos que legítimamente le pertenecen a Paraguay, y que son negados por estos países, eso se debe a los tratados que en dictadura firmaron personas que se auto denominaron ser los elegidos para gobernar el Paraguay.

Nuestra preocupación entonces ha de ser explicita; "es acelerar nuestro desarrollo como nación y enfrentar nuestro necesario reposicionamiento en el ámbito internacional, en un mundo globalizado donde es evidente que sufrimos una creciente falta de competitividad, frente a la natural emulación de otras naciones hermanas que también buscan salir del subdesarrollo. Este esfuerzo tiene que plantearse en el marco de un necesario cambio en los estilos de construir y hacer política, todo lo cual pareciera más que alentador.

Emulación; pobres, equilibrios y estrategias

Nuestro antagonismo ahora es con la pobreza, el atraso social y económico, que se soluciona con un instrumento o estrategia económica. Nuestro problema social necesita una solución correspondiente a la materia enfrentada.

Sin embargo, un problema que abarque temas económicos, sociales e, incluso, culturales, y que cubra una cantidad significativa de la población de un país, es un problema político, que requiere, previo a los instrumentos y estrategias a aplicar, un análisis y decisión de tipo político, no partidista, sino de discusión y decisión nacional, donde concurran los diferentes poderes del Estado, los gremios de representación, los partidos políticos, todo el mundo.

La República del Paraguay en la actualidad está enfrentando diversos problemas que se pueden estar transformando en políticos. La educación básica y media, jóvenes que no tienen acceso a la educación con padres que aspiran a mejores sueldos y salarios, para así poder dar formación a esos hijos.

Pero una de las situaciones transversales más complejas, en consecuencia, es el empobrecimiento del campesinado y el crecimiento experimentado sin equidad por la otra parte de la población, con una concentración del ingreso descomunal, nunca antes visto en nuestra patria, ni durante la Guerra se vio gente comiendo de la basura, mientras los políticos son cada vez más corruptos.

La pequeña y mediana empresa, especialmente en el sector agrícola, se debate entre la baja o ninguna rentabilidad. Esto significa, en consecuencia, la necesidad de que todos los actores, principalmente los políticos y conjuntamente con los gremios y empresas privadas, se junten en una mesa, a nivel nacional, a enfrentar y decidir una solución para un problema político nacional.

Esto no es solo responsabilidad del Gobierno que viene con Fernando Lugo, sino de todos, dado que el país entero, sin un modelo de desarrollo, puede desestabilizarse con una diferencia tan significativa en las calidades de vida entre los paraguayos.

Un problema político de tal magnitud no se soluciona constituyendo una comisión de personas especialistas entre cuatro paredes para presentarle la receta de solución al conflicto.

El problema de las desigualdades de ingresos en Paraguay es tan grave que exige la comparecencia de ricos y pobres, de oficialistas y opositores, de centro, izquierda y derecha, católicos y no católicos, de todos.

Mal se ve, en consecuencia, en las condiciones descritas y sobre todo al nivel de los más modestos, cuando en la prensa aparecen noticias como sumas estratosféricas de dinero proveniente de Itaipú fueron a parar a los bolsillos de gente que no se puede investigar en el parlamento por estar protegidos por los propios fueros parlamentarios, en comparación con los salarios mínimos del pueblo.
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