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Fernando Lugo, presidente electo de Paraguay. |
Nos referiremos derechamente al hueso del problema: las
sandalias del Monseñor y la vida seglar. Muchas personas que se dicen ser de
alto perfil, les encanta decir que son escépticas y que vivimos en una era de
escepticismo. Pero se engañan a sí mismas: no es que no crean en nada, sino que
creen en cualquier cosa.
La nuestra no es una era de incredulidad, sino de una arrogante credulidad.
Tenemos que ver cuánta gente tuvo fe en una o en otra cosa. Y cuánta, hoy en día
la tiene en este nuevo Gobierno, por eso no son tan importantes los zapatos que
lleva puestos Monseñor, lo importante es el paso y el camino que pisa; ¡e
incluso ambas cosas a la vez!
En rigurosos días de invierno, la lluvia o el frío glacial no le permiten a
estos intrépidos soldados de la miseria destacarse al aire libre (aunque los hay
constituidos milagrosamente para aguantar a pie firme las inclemencias de la
atmósfera), y se repliegan con su habito mezclandose con pordioseros en orden al
túnel o pasadizo que sirve de ingreso al templo parroquial, formando en dos alas
a derecha e izquierda.
Entre derecha e izquierda, no baja de docena y media el aguerrido contingente
descalzos unos y otros calzando sandalias, este grupo que la componen algunos
audaces ancianos, los acompañan indómitas viejas, ciegos machacones, reforzados
por niños de una villa miseria que bordea Luque, ellos han venido allí, están
desde que Dios amanece hasta la hora de comer, pues también aquel ejército de
hambrientos tomara algo de comer para volver con nuevos bríos a la campaña por
la tarde.
Este país que tenemos no cabe la vanidad, es una forma de vanagloria, y la
vanagloria se basa en el orgullo. La vanidad, es el orgullo basado en cosas
vanas.
Cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía
de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre,
medido por sus riquezas, fama y poder mundano.
Muchas personas que se dicen ser de alto perfil, les encanta decir que son
escépticas y que vivimos en una era de escepticismo. Pero se engañan a sí
mismas: no es que no crean en nada, sino que creen en cualquier cosa.
Estamos ciertos que esta frase, podría ser sacada de su contexto; pero en un
mundo donde todos hacen culto a su persona -la propia- ya que por medio de la
vanidad se pretende, actuar por cuerda separada, e iniciar una discusión, al
interior del palacio, sobre las relaciones humanas. Por cierto cuando Lugo
ejerza como Presidente de la Republica, en ese entonces para nosotros será el
señor presidente de la republica don Fernando Lugo, es lo que corresponde.
"Vanidad de vanidades, y todo es vanidad". El hombre, en efecto, es incapaz de
cambiar nada en el orden del mundo; es impotente ante las injusticias que a
diario se producen a su alrededor, solo le interesa el culto a su personalidad,
en cuanto reciben un titulo universitario automáticamente cambia de nombre, se
hace llamar Ing. Dr., Escribano, arquitecto, urbanista, o sea, por el titulo que
posee y cuando se les nombra no caben en su orgullo, es la vanidad.
"La vanidad es tan fantástica, decía Ernesto Sábato que hasta nos induce a
preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados".
Nadie ha clavado la rueda de la fortuna: esta gira permanentemente. Lamentable
es que quienes no se dan cuenta que la vida es así, lo único que hacen es
sembrar vientos, para terminar después cosechando tempestades, esta ves han
comenzado por un par de sandalias.
Pese a lo anterior, aunque se nos pretenda excluir, aunque se nos trate de
discriminar, aunque se le condene por conductas que jamás hemos realizado,
seguiremos luchando por producir un cambio real y efectivo del modelo económico,
social, político y cultural en actual aplicación; lo haremos al interior de la
República, participaremos activamente en su Gobierno, lucharemos siempre,
lucharemos en las estructuras, comunales, provinciales y regionales, lucharemos
en los medios de comunicación.
Jamás nos cansaremos, lucharemos siempre, jamás nos daremos por vencidos, nos
decía un convencido.
Tenemos la fuerza de las ideas; tenemos la fuerza y el vigor que nos da el
humanismo cristiano. Jamás segregaremos y excluiremos a nadie; seguiremos
pensando, aunque sea en un medio adverso, que es mejor y más grande el
comunitarismo que el neoliberalismo.
Estamos confiados que al final vamos a ganar, porque siempre la historia
favorece a quienes buscan construir una sociedad más fraterna, más humana y más
digna; jamás nos daremos por vencidos; siempre estaremos de pie; siempre
estaremos con los brazos extendidos y con las manos abiertas; jamás estaremos
con los puños cerrados; así vamos hacer comunidad e integración en nuestra
ciudad de Luque.
"Porque somos hombres libres y democráticos jamás nos neguemos al dialogo, ni
menos a conversar con quienes pertenecen al igual como nosotros a la comunidad
de hombres y mujeres libres que constituye nuestro país", nos dijo Mario
Aguilera, (PLRA) concejal por central.
Aún es tiempo para que quienes buscan exclusiones y discriminaciones, cambien.
La vanidad, exceso de orgullo y la soberbia siempre son negativos. El camino de
la verdad y la no violencia son siempre superiores, y caminar con las sandalias
del Monseñor.