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"Día de la Madre", es fecha difícil de olvidar, no por los sentimientos
que ella entraña, sino más bien por la atosigante publicidad que el
comercio despliega con este motivo.
Decía Rafael Barret (*) "Dar a cada uno lo suyo. Sí, pero, ¿Cómo se sabe
lo que hay que dar? Aunque imagináramos costumbres justas, ¿cómo
practicarlas justamente? Aunque tuviéramos leyes justas. ¿cómo
interpretarlas? Apenas conocemos, por ráfagas, nuestra propia
conciencia; la conciencia ajena es la noche".
La sociedad completa el destino fisiológico de las criaturas. La
injusticia de las civilizaciones prolonga la injusticia fundamental de
la especie. Por el único crimen de nacer, unos nacen débiles y enfermos
y otros robustos; unos inteligentes y otros idiotas; unos bellos y otros
feos.
Nosotros hemos añadido algo a todo eso por el único crimen de nacer
hemos conseguido que unos nazcan esclavos y otros reyes; unos con el
sable y otros bajo el látigo. Nuestra justicia obra porque es
esencialmente injusta, más al nacer esta la madre que le guía" decía
Barret.
Esta brutal realidad, nos conmina a recordar que el Dios de la época es
el "mercado" y es obligación sagrada entregarnos a él, para lo cual se
apela sin ningún respeto a esa noble figura.
Tenemos, entonces, que en vez de ser un día de reflexión sobre la
familia en torno a ese ser hacedor de la misma: la Madre, se transforma
en un festín de regalos materiales que, más que demostrar afecto, releva
el éxito económico de los hijos. Así, la cultura de la fatuidad que se
difunde, cabalgando en los medios masivos de comunicación, transforma
los nobles objetivos de esta fecha.
Lo que ellas representan no amerita ser trajinado por el mercantilismo
desbocado; representan la vida misma, hacen nacer, cuidan, desarrollan y
defienden esas vidas sin fijarse en los sacrificios implícitos de esos
actos. Por ello, es doloroso observar la manipulación que se hace de su
existencia y presencia, en nombre de libertades que atropellan los
valores superiores que ellas encarnan.
Consustancial con el modelo de desarrollo que nos han impuesto, se
desarrolla una bazofia cultural que apunta a enajenar mental y
valóricamente a los ciudadanos, en que se inscribe la distorsión del
significado de esta fecha.
Por ello, pensando en nuestras madres, debiéramos hacer el esfuerzo de
sobreponernos a esta subcultura material, internalizando el mensaje de
amor, bondad y solidaridad que sabe expresar con sus gestos y cariño.
Sería el presente más preciado y permanente que, sin duda, recibirían en
silencio.
Queremos, para iluminarnos, hacer comparecer a las sombras para
convencernos, hacer declarar a la hipocresía; para no ser crueles, citar
a la crueldad; para sentenciar contra los hombres, oír a los hombres.
¿Dónde está la verdad? ¿Está en el silencio de los que dejaron crujir
sus huesos dentro del borceguí inquisitorial, o está en las confidencias
del acusado de la moda?
Los sentimientos encontrados que estas celebraciones representan el
estado de ánimo de una sociedad capturada por un neo-liberalismo que
ella no eligió.