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elícula
estrenada en 1963. El gatopardo es una de las grandes películas del
realizador italiano Luchino Visconti. Si algún término además le cabe a
esta película es deslumbrante y similar a nuestra realidad.
Es la Italia de 1860 nos encontramos con el período del "Risorgimento..."
movimiento que apuntaba a la creación de una Italia unida y libre de la
dominación extranjera. El drama de la vida real. El príncipe siciliano
Fabrizio di Salina ve amenazada su posición en un tiempo de cambio
Los protagonistas de la política italiana en ese período fueron Giuseppe
Mazzini y Giuseppe Garibaldi, animados por ideales republicanos, y los
Saboya (reyes de Cerdeña primero, y luego de Italia) que tuvieron en el
Ministro Camillo Benso di Cavour, a uno de los mayores artífices de la
unificación de Italia.
La solidez de la tradición, de las relaciones se resquebraja y el
príncipe no ve otra opción que unirse a aquellas clases sociales que
avanzan y se aprestan a tomar el lugar de los viejos terratenientes.
La fina melancolía de los "dueños del poder" es captada con sabia
precisión por los gestos del actor norteamericano Burt Lancaster.
Magistral y sorda desesperación que se trasluce en la mirada del
mencionado actor. Hay todo un pasado del cual hay que despedirse,
aceptar los cambios con resignación, postura estoica que requiere de la
pasta de un héroe.
Es el pícaro impulsivo cambio que susurra suavemente para que todo
cambie o para que nada cambie, que todo parezca como pero,... filosofía
acomodaticia e hipócrita que elude un compromiso serio con la realidad
pero que ilustra sobremanera los caminos a tomar de ahí en más.
La inteligencia del film radica en mostrarnos la vida como una ópera
rica y divertida y en disimular ciertos pecadillos de corrupción y de
inmoralidad propios de una humanidad en medio de convulsiones políticas
y personales.
Es algo parecido a los vientos que hoy soplan al interior de los
partidos políticos que están reunidos en la Alianza Patriótica.
Este es un fenómeno al que tenemos que poner atención, dado que no es
posible una democracia sin partidos políticos sólidos. Entendiendo que
los partidos políticos son producto de relatos sociales y su razón de
ser es la búsqueda permanente del bien común, nos permitimos en plantear
algunas ideas que consideramos necesarias tomar en cuenta para un
proyecto país.
En Paraguay se dice que somos más desarrollados que hace 50 años atrás,
pero, parafraseando a Ralf Dahrendorf (I): ¿Somos por ello más felices?
El fin de la acción política es dar mayor y mejor nivel de felicidad
para el mayor número de personas. En algunas declaraciones de
independencia de los países, la aspiración a la felicidad figura al lado
de la libertad y el derecho a la vida.
Otra pregunta que tenemos que hacernos los paraguayos es: ¿Nuestra
democracia ha logrado un mayor control sobre los poderosos o, por el
contrario, los niveles de opresión y desigualdad se han acrecentado?
¿Hemos ampliado los paraguayos, a través del progreso económico,
nuestras libertades? O como dice el ya mencionado Dahrendorf, ¿tenemos
más oportunidades los ciudadanos?
Karl Popper (II) nos dice que la historia no tiene ningún sentido y
somos nosotros los que tenemos que conferirle uno, dando oportunidades
al mayor número de individuos.
Otra pregunta que tenemos que hacernos es: ¿La riqueza que el libre
mercado ha generado en estos casi 20 años, ha creado prosperidad, por lo
tanto, felicidad, para la mayoría ciudadana? ¿Esta prosperidad va
acompañada de mayor y mejor educación, más democracia, más
participación? ¿Se ha creado una red de protección eficaz para los más
desposeídos? ¿Hay más libertades políticas, más oportunidades sociales?
Según el historiador David Landes, (III) citado por Dorendorf en su
libro "En busca de un Nuevo Orden", para que una sociedad crezca y se
desarrolle es necesario que se cumplan condiciones institucionales,
tales como: el derecho a la propiedad y las libertades individuales; la
confianza en las formas contractuales; así como la existencia de
gobiernos estables y no corruptos, y que las autoridades sean capaces de
escuchar las quejas y los deseos de los ciudadanos.
Paraguay está comenzando a pasar de estructuras económicas y sociales
premodernas a modernas y esto conlleva consecuencias entre otras, el
despertar las esperanzas en los jóvenes de una vida mejor.
En nuestra situación, para avanzar y romper el ciclo de la pobreza,
muchos jóvenes abandonaron sus pueblos y se marginalizaron alrededor de
las grandes ciudades.
La ciudad de Luque se encuentra poblada de villas hule, (casas con
paredes de bolsas plásticas) de gente sin trabajo, (viven del
reciclado).
Aquí el trabajo es escaso y la desesperanza campea cuando las
estructuras no son capaces de integrarlos al mercado laboral y a los
otros espacios de construcción de vida social.
La experiencia del paso del subdesarrollo al desarrollo nos demuestra
que las principales víctimas de la modernización son los jóvenes.
Para muchos el proceso de modernización ha significado desarraigo, más
pobreza. En estos espacios la delincuencia y drogadicción es el pan de
cada día. Estos grupos necesitan que la sociedad les entregue un mínimo
de seguridad y esperanza en el futuro.
Nuestros jóvenes, en todos los estratos sociales, están desorientados.
Esperan más de los adultos.