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Tanto en las caminatas del Ñu Guazu como en las calles de Luque y el país se
pueden ver personas íntimamente ligadas con el sexo y el mundo de las mujeres,
ya sean como modelos o promotores de estas modelos.
Es la misoginia (*), que no es otra casa que considerar los principios que
constituyen el fundamento de la actividad sexual humana, que los individuos se
unen, y no por las sensaciones del amor sentimental, sino por los impulsos
irracionales de la voluntad.
Pareciera una puesta en escena ver gente en el Ñu Guazu, de la mas distinta
ralea aparatosamente dotada de elementos gimnásticos que a su vez están un poco
interesados en vaciar su peso y su conciencia.
Los caminantes amigos que se encuentran con otros caminantes en el parque Ñu
Guazu, cerca de la estatua de La Residenta. Se encontraran con pechos
prodigiosos bajo el suéter de angora, con la pregunta voluptuosa "Di
esportazione?" impresos en serigrafía dorada. Estos pechos arrastran otros, los
de; "Soy profesora de matemáticas", y luego los traseros de las campesinas que
vienen a la ciudad de Luque paseando por el Ñu Guazu en bicicletas.
Este paisaje es uno de los más pícaros y encantadores de Luque, el Ñu Guazu bajo
una leve lluvia de verano un 1 de Enero, la tierra humeante el polvo bajo el
sol, la salida de las mujeres bajo la mirada de los mas jóvenes y, momento
glorioso, la subida a las bicicletas, con las cámaras digitales mironas
recreándose en cada pecho y en cada trasero, en el movimiento de este para
encajarse en el sillín.
Son traseros opulentos y al mismo tiempo humildes, traseros de pueblo, vestidos
con telas gastadas. El ver aquellas mujeres nos viene a la memoria, a las que se
las llama las ciclistas, trazando así con palabras un cuadro casi tan bello como
la imagen que toman las cámaras digitales.
Tanto en este cuadro deslumbrante como en las imágenes de las campesinas del Ñu
Guazu, hay un fuerte erotismo popular, carente de toda sofisticación, que revela
una cultura del sexo más amplia a lo que nos están acostumbrando. Son los
escotes que están a la moda no se quedan atrás propio del estereotipo amoroso
burgués.
El punto de vista es que en el Ñu Guazu la mirada es erótica: los adolescentes,
no contaminados totalmente por las imágenes estereotipadas, ni siquiera en las
paginas de dos periódicos sensacionalistas que circulan en Paraguay.
Es a las mujeres hacia las que se vuelven la mirada, hacia las mujeres de su
ciudad, que pasan por su lado dejando una estela de olor que se adivina fuerte,
ya sea de un perfume barato, y de otros más íntimos y montaraces.
Y sus enormes pechos, con la moda de vuelta a los escotes, que hace difícil
hablar sin evitar desviar la vista, hablando exclusivamente mirándola a los
ojos, "...ya nadie te mira de frente cuando conversa", nos decía una vendedora
de ropa interior y agregaba "...no es que sean los modelados por sostenes de aro
de las chicas, sino grandes pechos maternales, repletos de leche, mujeres llenas
de buena salud, niños sanos".
Incluso los de Luque tienen este carácter. Nuestros redactores escriben,
rememorando o inventando la propia adolescencia de nuestros jóvenes: "El paso
por Luque crea enormes ansias: apetito, hambre, deseo de leche."
Otra de las mujeres que hacen pecar con el pensamiento de la mano en ese mismo
parque son las que se desnudan arriba de los vehículos los fines de semana. Son
unas criaturas de playa, una especie de metamorfosis de la Pipina, rejuvenecidas
y estilizadas, menos mamíferas y más sirenas, rubias, vestidas sin ropa, con las
cejas "permanentes, tatuaje lento" como le llama la juventud luqueña a las cejas
tatuadas.
Los asunceños vagan junto a la carretera y se acercan a los parroquianos con la
excusa que han perdido a su mascota "¿Qué era aquello, un gatito, un perrito?" o
uno de los dibujos de Chester en el que muestra unos ojitos gatunos brillando
entre el vello pubiano de un vientre femenino.
"Quiero una mujer como la modelo Egni Eckert", se escucha una voz, dentro del
harén pueblerino e imaginario, ella que es lo más parecido a una estrella de
cine, ella es más que una estrella, aunque sin dejar de tener un aroma natural
al vergel luqueño.
Mueve la "pompa" en primer plano, y la mirada de la cámara -de los perros- se
obnubila. Siempre va arregladita, viste a la moda, como para ir de boda,
pareciera que siempre está parada en un escaparate, incluso su abrigo parece un
vestido, tan ceñidos a los bordes mismos de su cuerpo.
Es una estampa del presente y del recuerdo, muy propio de nosotros los hombres
luqueños. Todos alguna vez hemos tenido en nuestro entorno a una diosa así: la
que primero se la mira por sus pestañas, la que sin ser una "buscona" se ríe con
los más viejos, se hace trenzas "parecidas a las de oro pulido y perlas,
mostrándose de día; posando una trenza en tierra, y la otra en agua; y alguna
que en leves giros pareciera decir: "Aquí Amor, aquí, esta tu reina". Ella es
muy joven y esta soltera, nos parece bellísima y a nuestras familias les cae
bien.
Para expresar las emociones los muchachos al ir al encuentro de ella, fuman
solitarios en un patio, lo que les envalentona tanto que se sientan junto a una
mujer y le ponen la mano en el muslo. Ella le mira muy en su sitio y le pone a
él en el suyo: "Pero, ¿qué buscas?", si hay algo digno de interés en la calle,
no dudan en abandonar sus sitios y correr a ver qué pasa, se termina lo que
podía ser un buen contrato.
Así los faros de algún vehículo, que sube y baja con el movimiento, parpadean
grotescamente, es la falta de memoria. Este segundo caso incluye el concepto de
"amor platónico", que puede existir entre dos partners sexuales potenciales. El
amor en sus diferentes acepciones es objeto de estudios religiosos, filosóficos
y psicológicos, la cuestión es "La falta de memoria".