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Segunda Quincena de Octubre/2007

Yo sabia que tendría que haber un final, el amor verdadero no dura mucho es solo una ilusión pasajera que se recuerda para toda la vida, un día me daré cuenta, que estaba aburrida, ¿lo amaba?, ¡¡que si!! ella amaba a su marido, no se si mi alma estaba muy corrompida o era algo de esa prudencia ante mis circunstancias, que en mi ya había muerto, con la certeza estúpida de que ella me amaba, no me despedí, dije adiós para siempre a ese espejismo de amor. Y volví a la seguridad de mi vida con nada más que mi alma nacida para la soledad.

El sueño de navidad la magia del amor es divina.

La Navidad; El amor entre Venus y Morfeo.


El sueño de Morfeo, es el mensaje de los dioses

a magia del éxtasis espiritual del amor crea un nivel de placer que va más allá de los límites del cuerpo y la mente en el ser humano.

La mayor o menor ejemplaridad de las costumbres se refleja indefectiblemente en todos los demás aspectos de nuestra vida esta es la ilusión del amor, un hecho comprobado que va mas allá de donde puedan reinar la honestidad y el decoro entre dos seres.

Eran días de pleno invierno, invierno en Luque y zumbaba el viento. Llevábamos varios días de frío intenso.

Cuando inesperadamente llegó la dama del alba, y se llevó el invierno, florecían los lapachos, y me dejó con las ganas de seguir admirando su belleza, yo riendo, llorando y compartiendo su vida espiritual dentro y fuera del alma mía.

Era pícara y buena. Una compañera de esas que no abundan. En las tardes luqueñas lo pasábamos felices, transmitía un duende, el goce, el arte de conversar, de comunicarse, importándole poco o nada si mi estampa era pequeña o grande.

Siempre admire sus manos, sus blancas manos, siempre lo soñé, era increíblemente real y tan perfecta como mi imaginación era capaz de verla, lo pensé tantas veces en mi cabeza. Que ya su imagen en mi mente formaba parte de mi vida.

Pero después de este tiempo, justo cuando me canse de imaginarla cuando la ultima esperanza estaba a punto de morir y la soledad; ¡¡ha!! esa soledad que embriaga de dolor y de felicidad, esa que hace creer en fantasmas y ángeles de luz en Navidad, esa que a veces es amiga, que es amante, pero que también es muerte, que mata las ilusiones y los sentimientos, convirtiéndose en un abismo.

Justo cuando esa soledad daba el golpe final a mi alma, la vi aparecer entre una nube de dulzura, de incredulidad, de dolor y de esperanza, pero no sabia como manejarlo, imaginarlo era fácil siempre es fácil amar algo que no existe, es tan simple idealizar.

Es por eso que no quiero verla frente a mi, nunca hable con ella y ya la amaba, debo decir que las cosas no fueron fáciles, ella ¿me habrá amado tanto como yo?, no sabría explicar por que, ni como, solo que yo la amaba, era perfecta, nunca supe su pasado, ni ella el mío, pero no hacia falta.

Que falta hacen las palabras cuando una palabra escrita acaricia el alma, creo que se enamoro de mi, por lo raro de mi especie, yo, yo solo la había construido en sueños, fueron días maravillosos, nos sentíamos casi todos los días, camine junto a ella, hablaba de cualquier trivialidad y terminaba, en mi casa sentado junto a mi cama preparándome para dormir.

Morfeo, el Díos del sueño se encarga de inducir mis sueños y de adoptar una apariencia humana para aparecer en ellos, especialmente la de los seres queridos.

Este creador de formas transmitirá esta Navidad a los soñadores los mensajes de los dioses y se encargarán de vigilar el eterno letargo de Hipnos.

Cuentan los antiguos poetas que se les representaba como una joven con un par de alas en las sienes y que en ocasiones portaba un cuerno mágico, una varita o una flor de adormidera con la que tocaba la frente de los hombres para dormirlos.

En las noches ya no de invierno, siento que ella viene con su verita mágica, sus lindos ojos me miran, mientras sus blancas manos acarician mis cabellos grises.

Yo sabia que tendría que haber un final, el amor verdadero no dura mucho es una ilusión pasajera que se recuerda para toda la vida, un día me daré cuenta, que estaba aburrida, ¿lo amaba?, ¡¡que sí!! ella amaba a su marido, no se si mi alma estaba muy corrompida o era algo de esa prudencia ante mis circunstancias que en mí ya había muerto, con la certeza estúpida de que ella me amaba, no me despedí, dije adiós para siempre a ese espejismo de amor. Y volví a la seguridad de mi vida con nada más que mi alma nacida para la soledad.

Sinderesis.

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