Primera Quincena de Mayo/2005

SUPLEMENTO ESPECIAL.

Día del Trabajador.


Karl Marx jamás habría imaginado que los "capitalistas burgueses", tendrían prestamos en dinero de la "clase asalariada" a través del Seguro Social.

La empresa verticalista y el ciempiés.


i Adam Smith, ni Karl Marx, los dos, en la pureza de sus convicciones, imaginó un orden con regulaciones morales, legales y sociales, hacen que una empresa ya no pueda ser verticalista.

El orden de las apariencias de una empresa con administración verticalista se asemeja a un ciempiés que, no obstante las apariencias, guarda en su vientre la semilla de su propia derrota, drama que tan bien reflejara Gustav Meyrink en la analogía del ciempiés.

Cuenta el escritor austriaco la historia de un ciempiés que bailaba pleno de un inimitable encanto, trazando sus lazos y espirales, y haciendo brillar su cuerpo como si estuviera hecho de piedras preciosas.

Eso, claro, hasta que un pobre sapo, quizá por envidia, quizá por desprecio hacia sus destrezas, le hizo un mal día la pregunta fatal: "dime, admirable maestro, cuando empiezas a bailar ¿mueves primero el primer pie izquierdo y luego el número noventa y nueve de la derecha? ¿O comienzas por el número cien de la izquierda y echas después el número cincuenta y tres de la derecha, moviendo después el tercero de la izquierda y luego el número setenta y dos de la derecha? ¿O lo haces al revés?"

Bueno, el ciempiés movió un pie, luego el otro, tratando de recordar cómo lo había hecho hasta entonces. Pero comprobó que no lo sabía. Y desde ese instante no pudo hacer el menor movimiento. Así ocurre con las cosas que creemos que se regulan a sí mismas, casi movidas por una mano invisible, es el entorno el que las regula.

* La moraleja; "Por un sapo no se vendió un cajón de ranas".


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