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Niños jugando con nieve en un barrio de Buenos Aires, el
efecto climático se convirtió en un acontecimiento para los
paraguayos durante las vacaciones de invierno. |
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El obelisco cubierto de nieve. |
¿Unas vacaciones de invierno muy frías en el cono sur de nuestra América. Y el
frió nos alcanzo en Luque con uno de los días más fríos de la temporada.
Ha llovido gran parte del otoño en Paraguay. Aquí en Luque donde nos preparamos
para nuestras merecidas vacaciones de invierno. Ya no se puede salir a todas
partes, la ola de frió traspasa todo.
"Nunca nos imaginamos que en nuestro tradicional paseo vacacional a Buenos
Aires, íbamos a tener el privilegio que no tuvieron ni mis padres ni mis
abuelos, hacia 89 años que no nevaba, como el luqueño no salía campeón" nos
decían vía e-mail unos alumnos de turismo en Buenos Aires.
Cuando menos se esperaba cayo la nieve, cuando los pajarillos se aprontaban a
aclarar sus gargantas para madrugadores trinos, cuando los vecinos de enfrente
de la casa de mis parientes se aprontaban, a preparar su jardín quitando
hierbitas por aquí, hierbitas por allá, mirando sonrientes y felices el cielo
frió pero azul.
La gente porteña al instante que asoma el primer rayo de sol medianamente
templado, sale como los caracoles, y en traje de faena se tumba en jardines
propios o en los parques que abundan en la ciudad; se saca corbatas, blusas,
medias y lo que haga falta; los zapatos por supuesto, este espectáculo dura un
par de horas, pasado el medio día.
Pero se deprimen a morir si el invierno se manifiesta insospechadamente. Pero
esta vez que fue una fiesta y no fue alucinación lo de este mes de julio, abro
la ventana de mi habitación y toco los copos de nieve. Sí. hay un velo blanco
que empieza a cubrir los árboles.
Hace fresco. Bajo cero. ¡¡Oh, como llueve la nieve me decía en mis
pensamientos!! Prontamente me di cuenta de mi error gramatical. Esa fue una
experiencia para mi inolvidable me decían mis mayores.
Los argentinos, entendiendo que tradicionalmente han sido proverbialmente
solidarios, cálidos y generosos con nosotros los paraguayos, que por unas
razones o por otras, hemos siempre emigrado, llegando a este país a refugiarnos
de nuestros momentos políticos difíciles que nos a tocado vivir como República,
en mi caso, de vacaciones con mis padres.
En épocas, difíciles la Argentina a mi abuelo le abrió las puertas, aquí, a esta
ciudad vivieron, mis abuelos y mi papá era niño, el creció y paso parte de su
juventud en estos "arrabales" como dice él y sobre todo encontró a sus amigos,
lealtades sin condición; yo tengo a mi favor entre otras cosas la oportunidad
del momento, en un mundo que se hizo pequeño, la cultura y la política que se
esta viviendo, una energía inagotable y el convencimiento absoluto de poder
cambiar el mundo. Ahora me toca a mi, en mi interior siento una intima
satisfacción, e visto nevar en Buenos Aires.
A la de mis padres; de la inmortalidad, de la risa floja, de las utopías
alborozadas. Esa edad que solo cuando pasa y miras atrás te das cuenta que era
espléndida. A mi, a esta edad de colegiala, Buenos Aires me pareció el paraíso,
su gente caminando feliz y jugando con la nieve.
Es por méritos propios una ciudad muy especial. Nada pretenciosa. Auténticamente
multiétnica. Enamora. Tiene un encanto indefinido pero muy presente que infunde
paz, sosiego. Ganas de respirar profundo.
Sus gentes son sencillas, sin parafernalia, te quieren o no te quieren pero sin
aspavientos, y sobre todo, te dejan vivir sin mayores complicaciones ni
prejuicios.
Al mismo tiempo flota un algo retro pero anárquico en el aire, en el modo, es
como el Arco Iris, de todos los colores.
No hay más que pasear un rato por la calle 9 de julio para dejar de sentirse
extranjero en el mundo. Porque el mundo entero se pasea por estos lugares, se
escuchan voces en todos los idiomas.
Aquí nadie te mira dos veces aunque salgas con un "roñoso y viejo Kepy" en la
cabeza, o de buzo y con escafandra, los modistos del momento, deberían
puntualizar, tienen un futuro incierto en esta metrópoli donde cada cual viste,
se peina, se calza o se pinta como exactamente le canta el gusto, viven una
libertad sin temores.
Al sentir los copos de nieve en la cara como besitos, la elegancia con la que
cae y se depositan en el suelo, recuerdo no sé porqué, especialmente, un día
como hoy, de "primavera invernal", en el pasado imperfecto. Me habían invitado a
casa de unos amigos a una gran celebración.
Mi papá me llevo, era un salón casi octogonal lleno de rincones y rinconcitos de
techo muy alto, zócalos, puertas y ventanales de madera de nogal, (el nogal se
parece a nuestro cedro), y cristaleras con la flor de Lis o con motivos
religiosos, era inmenso, sin embargo acogedor.
La biblioteca de estilo inglés antiquísima repleta de libros suculentos robaba
la vista y engalanaba ella sola la casa entera. Al fondo había una chimenea
perfectamente encendida de cuyas brasas salía aroma de madera noble.
Eramos los únicos extranjeros pero me sentía cómoda entre mis ocasionales
amigos, mi padre, cigarrillo en mano, una copa de champagne en la otra,
balbuceando todavía nuestra lengua española, tan distinta del español que ellos
hablan. Fue probablemente mi mayor placer cuando fumaba mi padre; porque fumaba,
escondido de mi madre y bien.
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A kiss is just a kiss
...you must remember this,
a kiss is just a kiss
...traiga lo que traiga el futuro
mientras pasa el tiempo.
(De la película Casablanca). |
Quiero decir que siempre tuvo estilo con el cigarro. Empezó a fumar cuando era
niño, -hace 59 años nos contaba en la tertulia- porque "quería a toda costa
parecerse a Humphrey Bogart, tener en sus manos de largos dedos enguantados de
negro sosteniendo el cigarrillo mientras Ingrid Bergman le daba fuego y en
aquellas miradas veladas, ardiera una hoguera", cosa de niños.
Así fue transcurriendo una velada de todo menos insustancial, hasta que llegó la
hora de la despedida. Después de los abrazos y besos de rigor con mis amigos,
pensé; "cuando llegué a Luque en lugar de un beso le ofreceré mi mano a mi amor;
él me dará la suya, no importa que seamos jóvenes, o me dirá; "a sido un placer
conocerte. pero en aquel salón todavía en plena efervescencia y celebración, me
pedirá encantadoramente ser su mujer, al más puro estilo Cyrano: "Madame, voulez
vous coucher avec moi ce soir?", como quien pide algo que no se puede negar este
14 de julio día Nacional de Francia.
No, merci, Monsieur. Le contestare; como quien niega algo que no se puede
conceder. Madame. Diría él mientras me besa la mano mirándome a los ojos. Y me
fui sola, sonriendo, chapoteando la nieve camino a casa. Ahora, de regreso en
Luque les cuento: Así pasaron mis vacaciones de invierno en Buenos Aires, el año
2007.
Sinderesis.