¿Varias aceras de Luque se encuentran intransitables, ocupadas por los
frentistas, ante la total inacción de la comuna. El ineficiente sistema de
inspección municipal permite que las veredas sean obstruidas o se encuentren en
estado ruinoso. Incluso, algunos se atreven a cercar con rejas la vía pública.
La Ordenanza 50/94, que reglamenta la construcción de veredas, es sin duda una
de las normativas más quebrantadas en Luque.
No es exagerado afirmar que las aceras dejaron de ser uso exclusivo de los
peatones. Desde hace un buen tiempo comparten este espacio los negocios que
extienden sus limites a las veredas con altoparlantes que compiten entre si, los
escombros, puestos de venta y los improvisados estacionamientos.
Los transeúntes no tienen más remedio que utilizar la calzada arriesgándose a
que un vehículo los atropelle.
Los comercios frente al ex Supermercado Maria Cristina, (por nombrar uno) que
animados por la desidia municipal en cuanto a control, decidieron cerrar su
vereda.
De hecho, esto afecta a todas las personas de toda condición social,
especialmente niños, sin otro resultado molesto que la congestión, no diferente
a otra que se produce por el exceso de vehículos.
La búsqueda de la buena ciudad es una hermosa metáfora acerca de la posibilidad
de actuar con respeto a nuestros compueblanos. Es por la gente que aunque nos
movamos en medio de las dificultades o los requerimientos de la modernidad nos
la merecemos.
Esto es apenas una invitación a evitar que la modernidad, el consumismo, y el
desorden exacerbado, contaminador, que se fundan en la fuerza representada en la
desidia, que nos destruye.
La desidia es una coerción de la libertad que representa el esfuerzo por evitar
que una ciudad como Luque carezca del más mínimo bienestar. Somos por naturaleza
los seres humanos depredadores, que es además de pertenecer al reino animal en
extinción, no librado a su sola fuerza y albedrío y destruye todo lo que se a
construido, incluido él mismo.
Cada cual puede soñar su sueño y, por lo tanto, interpretar al espectáculo de
esta ciudad que sufre de la desidia de sus autoridades, con su propia mirada.
En nuestro caso, además de relatar lo que vemos y contar lo que dice la prensa
nacional, vemos también una invitación a recobrar la mirada sobre una ciudad más
integrada en el silencio, que mal usa y no cuida sus calles, que discrimina
socialmente y contamina su medio ambiente, que vive lo público como un espacio
privado, propio, y donde las demandas de bienestar y progreso, esperan. La
ciudad y la ternura pueden ser planteadas de manera respetuosa y recibir -al
menos- una respuesta amable por parte de los gobernantes, haciendo de esta
ciudad una buena ciudad.