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campanas de la Iglesia Virgen del Rosario de Luque, se "echaron al aire" como lo
dijera el presbítero Padre Gustavo Acosta, "llegó la noticia del Vaticano, de
esto que era irreversible, el Papa Juan Pablo II ha fallecido, y fue la voluntad
del padre que esta en los cielos".
El momento de actuar a llegado, "vamos a recibir las indicaciones de nuestro
arzobispo, porque es diócesis la que tiene que ver la manera de cómo va a llevar
a delante este momento de tristeza, estamos pendientes todos, se nos pidió que
tengamos el templo abierto en todo momento, vamos a estar en vigilia por si la
gente quiera venir a acompañarnos a rezar, estaremos esperando, vendrán los
otros compañeros a la misa, ellos vienen de las otras capillas, desde las
compañías, nos encontraran a todos rezando, en medio del repique de campanas del
templo anunciando el desenlace, nos llamaremos a reflexión".
Al preguntarle al pa'i Acosta de la personalidad de su Santidad nos dijo,
"primeramente fue un hombre increíble, pienso que no hay palabras para
describirle, es que uno lo mira de diferentes formas, uno lo mira a él y dice
¿Como puedo transmitirle a la gente que impresión me causa? Es increíble como
uno se siente, él es un hombre que viene de Dios y esta lleno de paz, que rebosa
de alegría, y transmite esa alegría, que ha hecho cosas increíbles por la
humanidad".
"El Santo Padre estuvo en nuestra ciudad de Luque en el parque Ñú Guazú, el 16
de mayo de 1988 dando la eucaristía. Para nosotros los paraguayos es muy
importante porque, el único santo paraguayo que tenemos San Roque González de la
Santa Cruz, (1576-1628, misionero jesuita criollo asunceno), lo canonizo el
Santo Padre en el parque Ñu Guazú en Luque como primer acto de su visita al
Paraguay, en medio de una gran alegría, aquello fue una gran fiesta", dice
nuestro entrevistado.
"También le debemos porque vino al
Paraguay, a dar una gran fuerza en aquella
hora difícil que vivía la Republica, con la dictadura de Alfredo Stroessner, él
vino y asentó una postura, la postura de la Iglesia, y le dijo a Stroessner; "la
Iglesia no se puede cerrar", "la política es en consecuencia una dimensión ética
esencial, porque es ante todo un servicio al hombre. La Iglesia, como
depositaria del mensaje de salvación, puede y debe recordar a los hombres, y en
particular a los gobernantes, cuáles son los deberes éticos fundamentales en esa
búsqueda del bien de todos", y lo dijo, con la delicadeza que solo él tenía,
pero con firmaza, hay veces que uno puede decir las cosas y no encuentra las
palabras", concluyo el padre Gustavo Acosta.
Muy apesadumbrado le vimos al sacerdote, que con esfuerzo pudo contener la
emoción y el dolor de tener que preparar el templo y a los fieles para este
desenlace fatal, hoy nos queda en el recuerdo:
¡¡Gracias Su Santidad por visitar mi país, por el beso que le dio a la tierra en
que nací!!.
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