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¿Qué pasaría en Luque si alguien ofreciera vender su estatus, y otro estuviera
dispuesto a cambiarlo por "plata yvyvy"?
(tesoro escondido en tiempos de Madame Linch), el episodio acaba de ocurrir en nuestra ciudad capital, Asunción.
Los diarios informaron que un grupo encabezado por "poderosos" buscaban un
importante tesoro en el parque Caballero, despertó la avidez y la curiosidad de
muchos.
El parque Caballero, de cuya inseguridad corrieron los ciudadanos asuncenos,
volvió a ser visitado por muchos, después de que se supiera que un grupo
integrado por el ministro de la Corte Suprema, Víctor Núñez, y el presidente del
Tribunal de Justicia Militar, Porfirio Ramírez, buscaba allí un hipotético
tesoro escondido, con la venia del intendente Enrique Riera.
Al parecer la idea se les ocurrió al presenciar un capítulo de "Los Simpson".
Pero no encontraron mucho eco en el vecindario, apenas algunas ofertas de ayuda.
Ahora los vecinos y los curiosos visitan el lugar, unos para ver la excavación
-que fue tapada con tierra, aunque no acondicionada como estaba antes- y otros a
ver si encuentran alguna pista que los conduzca a la plata yvyvy.
Un vecino que se declara ateo, nos afirma: "no creo que estén vendiendo su alma
al diablo de verdad, creo yo, que no encontraran a don "Añá Racó" (Lucifer) con
deseos de querer comprar su estatus a cambio de la plata yvyguy.
Por otro lado, Virginia Núñez Caballero, bisnieta del General Bernardino
Caballero y coordinadora de la fundación que tiene su nombre, visito el lugar y
manifestó su preocupación por las consecuencias que las acciones de gente
codiciosa e inescrupulosa pudieran causar.
"Lo que más nos preocupa es que ahora hay gente que de noche va y cava como
puede en cualquier lado, sin ningún criterio y la casa corre peligro. Me comentó
la directora del museo que fue gente muy rara a preguntar cosas... Cualquier
cosa puede pasar acá, si hay militares e intendentes que se unen para hacer una
excavación la gente cree que puede hacer cualquier cosa", afirma Núñez.
La mayor parte del ingreso obtenido por la venta del tesoro -si lo hubiera
encontrado- deberían destinarla a costear obras sociales, dijo el intendente, no
sin antes decir que ellos eran "personas serias" y autorizó la búsqueda, frente
a un plano viejo. Firmaron un documento de compromiso a los buscadores, que
consistió en que de todo lo encontrado, el 50% sería para los excavadores y la
otra mitad para la comuna.
Desde hace medio milenio mucha gente vagó por estos lugares en busca de "El
Dorado", nombre dado por los conquistadores españoles del siglo XVI en América,
al soberano legendario de una civilización aborigen, probablemente chibchas, que
trabajaban hilando finas telas de oro. Según la mitología indígena, eran
enormemente ricos y en los festivales anuales se cubría el cuerpo entero con
polvo de oro.
La Guerra de la Triple Alianza fue una verdadera enfermedad donde afiebrados
mitómanos que andaban sueltos y sin freno ni mesura, buscaban oro.
En estos días, nuevamente se ha puesto en el tapete la búsqueda del fabuloso
tesoro, de esos que nos vuelven millonarios de la noche a la mañana, con la
excavación de un enorme foso en pleno Parque Caballero, en el casco histórico de
la capital.
Los avivados tramaron la historia como la venta del alma es un tema clásico en
la buena literatura. Lo inmortalizaron especialmente el "Fausto" de Marlowe y el
de Goethe, así nuestras autoridades venden su estatus al diablo en beneficio del
pueblo.
En la versión de Marlowe, Fausto avanza de la búsqueda del poder divino a la
penitencia y arrepentimiento, para salvarse del infierno. En la versión de
Goethe, Dios valoriza la búsqueda del conocimiento y experiencia en que está
involucrado Fausto, y lo perdona en razón de su noble intención.
En la versión de nuestros "Faustos criollos", el precio que los buscadores de
tesoros reciben no es dinero, sino conocimiento, poder y experiencia. Y en ambos
casos, el afán de ayudar al semejante no termina ahí, sino desencadena un
proceso de gradual acercamiento y conversión para los excavadores y la comuna de
Asunción; precisamente porque el conocimiento, el poder y la experiencia
encuentran su culminación en la misericordia del dueño de la "plata yvyguy".
Además de su belleza literaria y dramatismo teatral, estos hechos reflejan
valores religioso-morales. Se reconoce la personalidad de Satanás, siempre listo
para echar mano de almas que estén dispuestas a rendírsele.
Cabe todavía la hipótesis de que sea todo una simple broma o travesura: no
exenta, sin embargo, de ironía. ¿Dios mío; Han querido reírse de nosotros y de
los buscadores? ¿Han pretendido posar como liberado y liberador de mitos seudo
espirituales? ¿Creeré firmemente en la autoridad, que sólo existen la materia
del momento, más no nosotros?
¿Cómo podría un Intendente subsistir profesional y humanamente una vez que ha
fallado en su búsqueda de encontrar "plata yvyvy"? El arte es inconcebible para
esta gente. Nace, en efecto, de la inspiración e intuición, más no de la
ambición.
Cualquiera sea la respuesta, usted no ha perdido su tiempo. Nos ha brindado
ocasión y estímulo para reflexionar sobre el voto y los posibles modos de
perderlo ¿Ahora, el voto del ciudadano será dado en servicio del bien?.
Este relato trata de graficar que el hombre trae consigo, desde su creación, un
imperativo "fáustico". El adjetivo lo acuñó Splengler, para caracterizar la
cultura de Occidente, insaciablemente ávida de conocerlo y poderlo todo, también
ganarlo.
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