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ientras la wehrmacht arrasaba Europa occidental en la primavera de 1940, nadie
en Alemania seguía los acontecimientos con algún interés, salvo los que se iban
a beneficiar con las nuevas conquistas.
En ese entonces, Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi advertía a los
generales alemanes; " Si alguien nos preguntara como imaginamos hoy la nueva
Europa, debemos decir que no lo sabemos".
Las ideologías en Europa llegaban a su máximo esplendor en competencia. José
Stalin y la revolución de octubre (años 1920 al 1953) en Rusia, sometiendo y
matando de hambre a más de diez millones de campesinos que se oponían a la
estatización de sus tierras. Pasando por la eliminación de la forma más cruel de
millones de Judíos, por parte de los nazis. Culminando con la construcción del
muro de Berlín, que dividió en dos a Alemania, desde agosto de 1961 a noviembre
de 1989, (28 años).
Recién en 1989 cae el muro de Berlín, dejando tras de sí miles de víctimas. La
caída del muro marcaba el termino de las ideologías para algunos pensadores,
todas se habían derrumbado. Incluyendo las tiranías sanguinarias impuestas por
Norteamérica en nuestra América del Sur, nos referimos a la de Stroessner en
Paraguay, Pinochet en Chile, Videla en la Argentina.
Hoy vemos que el pensamiento posmoderno es un "racimo de filosofías"(*) que
tiene como hilo conductor una puesta en tensión de las grandes certezas de la
modernidad ilustrada, particularmente el imperio arrogante de la razón. Esta
percepción de las limitaciones, desviaciones y frustraciones de la modernidad
fueron detectadas ya por los frankfurtianos Horkheimer y Adorno en el texto
"Dialéctica de la ilustración" (1944), en la cual se denuncia el pecado original
de la modernidad; la razón al servicio de la dominación y no de la liberación.
Pero no es sino hasta entrados los años ochenta en que esta crítica adquiere
consistencia teórica y difusión editorial.
La verdad entendida en la tradición filosófica que va de Platón a Hegel (y que
por ende llega a Marx) como la adecuación del predicado al sujeto, debe ser
abandonada. Mirando la fuente escéptica del kantismo se plantean las
dificultades epistemológicas de conocer realmente al objeto y se señalan los
peligros de "creer" en la verdad objetiva, en cuanto la "posesión" de la verdad
objetiva implica siempre la tentación de querer imponerla por medios
autoritarios, de lo cual dan cuanta el estalinismo y las dictaduras derechistas.
Se devela entonces un pensamiento "débil" que a diferencia de las teorías
"fuertes" de la modernidad no reclama para sí el patrimonio de la verdad
objetiva. La verdad es fruto del consenso y no tendría un valor ético en sí
misma.
Se ha producido el fin de la historia, en tanto, los "multimedios" o grupos
empresariales dueños de medios de comunicación, tienden a crear múltiples y
pequeñas historias de acuerdo a los diferentes grupos culturales que van
emergiendo por esta acción mediática dispersiva que ha puesto fin a un curso de
los acontecimientos con una centralidad detectable. Son muchas y pequeñas
historias que no tienen una articulación sistémica entre sí. Es el fin de la
historia entendida esta como desarrollo de lo inferior a lo superior (Hegel).
Estas tesis tienen como trasfondo general la reacción irracionalista y nihilista
de Nietzsche en contra de la modernidad, conceptualizada como una falsa
conciencia o moral de los esclavos en su dimensión democrática y como un mito en
cuanto a las posibilidades de la razón.
Si a lo anterior le sumamos la tesis de J.F. Lyotard ("La condición
posmoderna"/1984) del fin de los meta-relatos (utopías) por la pérdida de su
capacidad convocante, el encuentro entre estas filosofías posmodernas con el
socialismo tenía que ser necesariamente conflictivo.
A mediados de 1996 en la comunidad de la Universidad de La Habana, se publicó el
texto de Paul Ravello "El debate de lo moderno y lo posmoderno", el texto se
difundió con rapidez en los círculos intelectuales y fue recibido también con
cierto espíritu prejuiciado. Se escuchó decir, eso de que globalización,
neoliberalismo y pensamiento posmoderno, eran tres líneas de acción de un mismo
proyecto global voceado por el pensamiento único surgido del consenso de
Washington.
Estas apreciaciones existentes en los ámbitos intelectuales cubanos se comprende
si consideramos que el contexto político estaba signado por un fuerte repliegue
de la izquierda mundial, ante el fracaso del socialismo extremo (comunismo) en
el mundo.
A este racimo de filosofías y hermenéuticas que llamamos posmodernas deben ser
consideradas en una mayor posibilidad teórica que como un simple reflejo de la
"lógica cultural del capitalismo tardío" (Jameson 1984)
Han pasado algunos años y los acontecimientos lo han hecho a una velocidad
vertiginosa. Escuchamos de los líderes de la izquierda paraguaya vociferar,
hablar como lo hacían hace 60 años, otros líderes en Europa y el Caribe.
Recientemente en Venezuela y luego en otros países, incluyendo el nuestro, se
escucha vociferar consignas que llevaron a la ruina a grandes líderes como
Salvador Allende en Chile, por nombrar uno.
Los dirigentes de la izquierda paraguaya, no se quieren dar cuenta que; "sin
haber leído a Karl Marx (1818-1883), o a Vladímir Ilich Uliánov, (Lenin), “no
pueden hacerse llamar marxistas leninistas", ¿cómo pueden decirle al campesinado
paraguayo que esas doctrinas les salvaran?, si ellos saben de su fracaso.
Para triunfar con esta utopía tendrán, que hacerla nacional, particular, única e
irrepetible, lo cual es imposible, por el alto nivel de información que el
paraguayo medio maneja. El socialismo debe huir de los modelos como de una
peste. Esto que trata de hacer consenso la izquierda paraguaya y latinoamericana
se refleja en una instalación definitiva de la democracia y los derechos humanos
en el seno de nuestras concepciones. La arrogancia intolerante fundada en
totalitarismos gnoseológicos que tan bien interpretó el marxismo-leninismo
producido por el estalinismo no debe repetirse.
Con menos arrogancia y más optimismo histórico la izquierda reemprende la marcha
en ella el socialismo adquirirá forma posmoderna necesariamente. Es la hora del
socialismo posmoderno; una performatividad del ser con la subjetividad,
sangrante aún de la experiencia soviética, la alemana (la comunista) o la cubana
incorporada de modo definitivo.
Recuperado el optimismo histórico no veremos la razón histórica enloquecida en
frenético y zigzagueante deambular. El ser fragmentado se reconstituirá como en
un play back para reemprender una marcha que quizás sea la última posibilidad
ante una hecatombe ecológica ad-portas.
Las críticas que el pensamiento posmoderno ha planteado respecto de la
modernidad y por ende de su hijo mayor el socialismo, parecen ahora
contextualizadas como una prevención ante los excesos del estalinismo más que
una embestida en contra de esa doctrina en su conjunto. El socialismo en su
marcha del siglo XXI deberá si en verdad aprendió de la experiencia incluir la
"prudencia" gnoseólogica-política de estos tiempos. La caída del muro de Berlín,
para muchos marcó el fin de las ideologías. |