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a manera en que estamos llegando lentamente a otra campaña Municipal para las
elecciones del 2010, es un fiel reflejo de la naturaleza de la clase política
paraguaya, la del mbarete (ley del más fuerte), que, por mandato de nuestro
parlamento, su periodo hubiera sido un años más de lo que fueron electos, es
decir, el veto presidencial impidió que los Intendentes Municipales del país,
permanecieran un año más en sus puestos, sin ser electos, esta es la calidad de
nuestra criolla democracia.
Abundan preocupantes signos de estancamiento y es interés, tanto de parte de la
ciudadanía hacia la política como de la política respecto de lo/as
ciudadanos/as, por este tipo de cosas, como también es algo parecido el sistema
electoral de las listas cerradas.
Es evidente que la ciudadanía ha dejado de ver en el voto una herramienta eficaz
de participación. Recientes cifras de los propios partidos políticos
tradicionales revelaron que el 60% los jóvenes paraguayos entre 18 y 25 años no
participará en las elecciones municipales porque no están inscritos, o se
quedarán en sus casas el día de la elección. El estudio arroja que el 40 % de
los jóvenes consultados decidió no inscribirse porque considera que la clase
política no se preocupa de ellos.
Estas cifras son preocupantes y decidoras. No sólo representan el creciente
descrédito y escasa valoración del quehacer político Nacional por parte de las
generaciones jóvenes, sino también permiten suponer las razones que explican.
Pero, según lo desplegado hasta ahora en la campaña electoral que se avecina, es
el estancamiento democrático y la despreocupación que no es patrimonio de la
ciudadanía respecto de la política, sino que también, aunque de un modo sutil
pero mucho más preocupante, es esa misma clase política de elites la que se
encarga de reforzar la idea de que efectivamente "no satisfacen las expectativas
a nadie", salvo sus mezquinos intereses, y siguen enviando señales confusas de
lo que realmente implica ocuparse de la comunidad país.
Así, no es difícil entender cómo en una campaña municipal el tema que más ocupa
a los actores políticos con tribuna no son las municipales o las apuestas acerca
de qué coalición es la que obtendrá más votos.
No sólo la vergonzosa constatación de que son muy pocos los candidatos que se
hacen ver en las listas "sabana", otros se ocultan, como señalando una mala
acción, su afiliación política es una clara muestra de la naturaleza
des-informadora de las elecciones, que la clase política no ha querido
modificar. En esta elección, una parte importante de candidatos se negará a
participar en debates públicos.
Eso será negar la esencia misma de la política, restarle validez a un proceso
electoral y faltarle el respeto al electorado. Así, no puede esperarse otra cosa
que la apatía y el desprestigio.
Se echa de menos la información, las propuestas de fondo y la reflexión acerca
de qué tipo de gente se necesita para dirigir un Municipio. ¿Cómo entonces
podrán conquistar el voto de, mujeres y hombres jóvenes por participar en una
carrera tan ajena de la realidad cotidiana, si más parece una jineteada?
Los/as Intendentes tienen importantes atribuciones que afectan la calidad de
vida de las personas, la identidad de los barrios, el acceso a salud y
educación, los espacios públicos, entre otras materias. Y al contrario de lo que
son las tendencias en participación política, el 2011 se acerca y será el
Bicentenario Patrio, la mayoría de las personas cree que el municipio es la
instancias con mayor capacidad para resolver sus problemas, sin embargo es
reacia en participar.
La elección municipal se presenta así como un importante espacio para los
habitantes de las comunas y para aquellos que se postulan para representarlos.
Una oportunidad para evaluar lo realizado y proyectar el desarrollo futuro. Un
espacio ideal para que cada tendencia política despliegue sus propuestas y
dialogue con la comunidad acerca de los desafíos y prioridades de los asuntos
locales.
Sin embargo, a estas alturas, está claro que esa oportunidad podría ser
des-aprovechada; se podría perder la posibilidad valiosísima de hacer más
participativo el proceso por el cual elegimos a nuestros representantes, no sólo
para mejorar la calidad de nuestras comunidades sino también de nuestra
democracia.
Pero ello requiere de acciones concretas que hagan que la democracia sea más que
una elección. Es una lástima corroborar que nuestra clase política se mantiene
en prácticas de elites que no convocan, alimentando un circulo vicioso que no
hace más que desprestigiar la política, asegurando la permanencia de unos pocos
-los mismos de siempre- en una carrera cada vez más solos, cada vez más lejanos,
cada vez más fuera de una jineteada.
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