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a fecha; 20 de abril la ciudadanía paraguaya esta convocada a la renovación de sus
autoridades, Poder Ejecutivo, Legislativo y Gobernaciones. La política paraguaya
se debate en la actualidad en cierta medianía que hace muy difícil vindicar a
sus actores, cualquiera sea el sello ideológico que le sirva de emblema.
En un primer diagnóstico habría que consignar el monopolio que ejercen las
cúpulas políticas ligadas a los partidos existentes. Paraguay vive una época en
que lo político se ha vuelto una cuestión de camarillas asesoradas por
consultores expertos.
Convengamos que todos vemos el mundo de una u otra forma y tenemos ideas sobre
él. Todos tenemos una ideología, seamos conscientes o no; inclusive quienes
declaran abiertamente no tenerla.
Decir que se es escéptico es tener ya una misma ideología del escepticismo que
como cualquiera puede llegar al fanatismo. Lo normal es que nos sentimos
naturalmente atraídos por quienes tienen ideas y valores semejantes a los
nuestros, por quienes disfrutan de las mismas cosas y tienen prejuicios
parecidos a los propios.
Entonces, estamos hablando de gente que tiene la misma "mentalidad", De
individuos que comparten ciertas creencias y que tienden a reunirse en clubes,
iglesias, partidos políticos, movimientos, y cuantas otras cosas. No importa lo
"independientes" que pretendamos ser, todos nosotros estamos influidos y movidos
por ideas. Somos creadores y producto de ideas, de ideologías y, a través de
ellas, manipulamos a otros y nos manipulan también a nosotros.
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"...de
nuestras rebeldías silenciadas"! |
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El gobierno paraguayo que surja de las
elecciones del 20 de abril próximo, si tiene la voluntad de
recuperar la soberanía hidroeléctrica nacional de los
paraguayos como alguno de los candidatos ha manifestado con
firmeza, tendrá la patriótica tarea -y el pueblo entero debe
acompañarlo- de vencer la intransigencia de Itamaraty,
actitud cuyo origen está en el oculto interés de que no se
reduzcan los enormes beneficios de las transnacionales que
acaparan el negocio eléctrico en el Brasil.
El mismo pueblo brasileño, víctima también de la expoliación
de las citadas intermediarias, puede ser un poderoso aliado
del pueblo paraguayo para alcanzar el trato decente que nos
merecemos por obtener un precio justo por nuestra energía
hidroeléctrica de Itaipú que le entregamos al Brasil.
Editorial en tapa de abc Color 29/II/2008 |
En todo esto el ciudadano común está ausente de las grandes decisiones, sea que
se trate de algún Movimiento Obrero para decidir si otorga su apoyo a un
candidato, o de lista sabana de candidatos a alguna comisión directiva;
invariablemente, las decisiones se toman a puertas cerradas.
Esta práctica se radicaliza cuando observamos al partido de gobierno: todo se
decide en la lógica interna del partido, sea la nominación de la plantilla de
candidatos a parlamentarios o de nombramientos ministeriales o públicos y en el
reparto de los cargos públicos a cambio de apoyo político.
El actual marco institucional ha dejado fuera la expresión ciudadana bajo la
figura de una democracia representativa cuya modalidad electoral propende,
exactamente a la marginación de partidos o conglomerados menores.
En este sentido, se toman decisiones evocando a todo un pueblo, como lo fue el
tratado firmado -hace 35 años- por el Paraguay con Brasil y Argentina para la
construcción de las represas de Itaipú y Yacyretá, dos emprendimientos
binacionales que, por constituir vergonzosos atropellos de dos países grandes y
fuertes contra otro pequeño y débil, a más de estar sometido nuestro pueblo, en
aquella época a una despiadada dictadura.
Entonces hablamos de la "clase política", y nos referimos a los "happy few" que
tienen el privilegio de participar de la republica. Las prácticas endogámicas de
la "clase política" la tornan un círculo cerrado al cual es muy difícil acceder.
No es raro entonces que en el sentido común de la ciudadanía, la "clase
política" se asimile con facilidad a "mafia": una suerte de fraternidad que
negocia y decide por el resto de los paraguayos.
Es cuando nos llenamos de esta "clase política" que no es mas que un estamento
de "operadores" carentes de grandes atributos y virtudes, constituida por
hombres de escasa estatura y visión que esconden su mediocridad detrás de un
pretendido lenguaje técnico, ligada a escandalosos intereses económicos
nacionales e internacionales.
Están exentos de glamour algunos y alejada de los problemas cotidianos de la
mayoría ciudadana, ocupada de sus negocios y cuotas de poder, la mentada "clase
política" criolla es una clase sin clase, o como suelen decir nuestros
campesinos en el habla popular, el guarani, ..."los políticos son una pandilla
de "mondaha kuéra" y sinvergüenzas".
En esto no hay ideología, no se refleja ni la ideología Liberal ni Colorada, la
Ideología es un conjunto de creencias, ideas o incluso, actitudes íntimamente
relacionadas, características de un grupo o comunidades.
Se debe tener bien presente que lo que separa la Ideología de la Teoría o la
Filosofía es que, mientras las dos últimas implican reflexión, organización de
ideas, y siempre que sea posible, su demostración, la ideología forma creencias
que incitan a la gente a la acción sin necesidad de soporte lógico.
En diferente medida y con ciertos matices, todos los partidos políticos
paraguayos están inmersos en este modo de hacer las cosas, todos, de algún modo,
han dado su aquiescencia al actual estado de cosas. En efecto, bajo el supuesto
de que estamos en el camino de la prosperidad y la paz, la democracia de la
transición se ha convertido en una manera de administrar el Estado para alcanzar
los consensos necesarios que garanticen una muy baja conflictividad social y un
mercado libre que asegure el lucro del gran capital.
Los consensos, en rigor, han autonomizado el orden tecnoeconómico del quehacer
político, de suerte que los Poderes del Estado relativizan su capacidad de
impulsar cambios significativos en el país.
Las raíces profundas de este estado de cosas obedecen, desde luego, a causas
histórico - sociales inmediatas y mediatas. Basta recordar las limitaciones en
que fue posible la transición entre nosotros, los amarres constitucionales
heredados, (segunda vuelta electoral en las presidenciales y las listas sabana)
estamos por llegar a dos décadas de la caída de la dictadura y aún el Partido
Colorado no ha asumido su responsabilidad política, por ejemplo.
Sin embargo, sin desconocer todo aquello, es interesante advertir que la
democracia pos-autoritaria ha generado su propia atmósfera. Dicho clima lo
podemos describir muy sucintamente como una complicidad de una amplia mayoría
que profita del sistema imperante: desde el más modesto trabajador en un lejano
gobierno local que ha cambiado la cesantía abriendo fuentes de trabajo vía
"vendedores ambulantes" y los que viven del reciclado. Hasta el gran empresario
que advierte como crece su capital, desde los pequeños favores y subsidios a
sectores extra parlamentarios hasta franquicias legales a grandes empresas, (la
soja es un claro ejemplo) pero este es otro tema a tratar.
En un país históricamente empobrecido por las guerras y cuya impronta ha sido el
signo frustráneo para los más, no tiene nada de raro que una cierta
institucionalidad política se relacione estrechamente con las gratificaciones
que éste pueda ofrecer. De algún modo, la estructura laboral, y su correlato, el
crédito, es el modo en que se ejerce hoy, en una sociedad de consumo, el control
social.
Dicho en buen romance: la democracia post-autoritaria ha generado una estructura
de empleos, prebendas y beneficios directos e indirectos en todos los niveles, a
costa de los cuales medran no pocos. Así, sin movimientos sociales propiamente
tales, con sindicatos muy debilitados y con asociaciones de ciudadanos casi
inexistentes, la ciudadanía adquiere el rostro efímero de los públicos o
audiencias frente a las ofertas simbólicas del mercado mediático. ¿Pasaremos a
una nueva agenda? el tejido social la necesita.
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