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Edición Enero/2008
Entre los discursos se escucho; "La historia política del Paraguay, nos une hoy
en el futuro para ser nuevamente realidad la ilusión de tanta gente, de tantos
patriotas, de partidos sociales, campesinos, jóvenes, mujeres". y continuo
diciendo Lugo; "Cuando nace la esperanza y la ilusión de la gente, de la gente
sencilla, las gente más humilde, nadie lo puede arrebatar y nadie lo puede
atajar", finalizo.
Dupla Lugo-Franco se presento oficialmente
El volver a ser de los paraguayos.
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través de la historia, hay innumerables personajes cuyo liderazgo fue,
ineluctablemente, un hecho político. Sin ir más lejos, durante el siglo XX hubo
en Latinoamérica y el mundo sucesos que nos conmovieron: Stroessner, Pinochet,
Videla, Stalin, Hitler.
Hoy resultan paradigmáticas a este respecto. Hombres que ocupaban u ocuparon un
lugar importante en la historia, sea como protagonistas o antagonistas, siempre
ha merecido mención.
Los héroes y los antihéroes se caracterizan por arrastrar a los pueblos a
grandes cambios, sean éstos loables o deleznables: figuras que cada cierto
tiempo nos muestran los límites de la miseria humana o, muy raras veces, los
horizontes de la grandeza.
En el caso de Paraguay, la figura de Eligio Ayala (1880-1930), político y
economista paraguayo, presidente de la República (1924-1928). Pacificó el país,
disolvió el Congreso y renunció en favor de Luis Alberto Riart, en 1924, para
ser posteriormente elegido en elecciones democráticas presidente constitucional.
Cuando ya se les hacía tributo como si fueran veteranos de guerra o viejos
nostálgicos de una fallida revolución.
Los héroes y los antihéroes pertenecen al universo de los mitos: personajes
portadores de ideas, discursos y proyectos que los exceden, de allí el "aura"
casi sobrenatural con que los invisten sus prosélitos. Se trata del "súper
hombre" aquel capaz de realizar el sueño que proclaman un par de cabezas
precozmente iluminadas.
Quizás, la más importante lección que nos dejan siempre los grandes héroes o
grandes villanos, y que constituye finalmente su sutil fracaso, es que las
empresas humanas reconocen la medianía y mezquindad de la estatura humana.
Pareciera que más que a empresas milenarias, estamos convocados a un esfuerzo
colectivo a escala humana para construir un mundo que nos sea soportable y
sustentable en el tiempo, un mundo en que podamos soñar con ser "libres" y, con
suerte, por momentos nos sintamos felices.
Construir un país más justo y un régimen político más participativo exige
reemplazar el método y el enfoque, porque la necesaria refundación de la
Concertación por la llamada Alianza Patriótica, a la salida Patria Querida el
partido de Pedro Fadúl y el partido UNACE de Lino César Oviedo la
Concertación o Alianza Patriótica refundada hoy, no se ve que sin los mismos de siempre,
y es
saludable renovar el pacto con la ciudadanía y cambiar de razón social.
Es dar vuelta la página, terminar con la forma oligárquica de hacer política que
ha caracterizado a la transición y dejar vía libre al protagonismo de la gente.
Doble reto que aborda esta Alianza Patriótica, con Fernando Lugo al frente junto
a la fuerza plural del pueblo soberano.
Pareciera que la Alianza Patriótica es víctima de su propio éxito. Después de
lograr afianzar la democracia y cuando el desánimo se mezcla con el escándalo,
nos damos cuenta que todavía quedan desafíos pendientes. Pero, pasar a una nueva
etapa implica cambiar el instrumento, con actores repotenciados y un más amplio
abanico de posibilidades.
La Alianza Patriótica expresa a la mayoría que pretende derrotar al
autoritarismo y el prevendarismo. El cumplimiento del programa ha redundado en
que surja nítidamente la necesidad de pasar a una segunda época. Sin embargo,
han primado las fuerzas del statu quo, los que se creen imprescindibles, los que
se preguntan: si está todo bien con el Gobierno Colorado, ¿para que cambiar?
Mala receta. Los avances innegables de estos años para los amigos, no alcanzan a tapar el sol, es
imprescindible el cambio para profundizar la democracia y ello no es posible sin
movimientos sociales fuertes y un relevo generacional que traiga aire fresco a
un escenario partidista con olor a encierro. Porque nunca debe confundirse la
paz de la justicia con la paz de los cementerios.
El triunfo de la transición del candidato Colorado sea quien sea, cierra un
ciclo que se complementa con la muerte física del ex dictador, pero se requiere
abrir otro que sea capaz de ir más allá y acabar con todo rastro de su régimen.
Una coalición como la Alianza Patriótica debe hacer coincidir dos objetivos: el
de la estabilización y el de la democratización. Al ritmo de una transición tan
compleja como la que Paraguay ha vivido, ha primado la negociación permanente y,
luego de consolidar los espacios de poder, la necesidad de conservar lo logrado,
por lo que cualquier innovación se mira con recelo, tratando de mantener
posiciones y no descuidar el control de los factores de mando tan trabajosamente
alcanzados.
De allí que muchas veces ha primado el fin práctico de controlar el aparato del
Estado, sobre un conjunto de reformas cada vez más difíciles de aprobar pues se
necesita el acuerdo del Coloradismo, en especial, la del ala "derecha" de la política paraguaya,
enquistada en el coloradismo. Por cierto, una parte de la oposición y
oficialismo se parecen cada vez más y los acuerdos bajo la mesa son son una amenaza sino una
campante realidad, nos referimos a los partidos Patria Querida y a UNACE.
Uno de los escollos más importantes a superar es la camisa de fuerza del sistema
sin la segunda vuelta electoral (balotaje). Ultimo sobreviviente de los enclaves
políticos del coloradismo gracias a que ha prevalecido hasta ahora el miedo a la
dispersión y la comodidad de una suerte de "termocefalos", postergando
indefinidamente su reforma porque es más fácil y más cómodo.
Por el contrario, la hora presente exige juntar voluntades para extender los
espacios de libertad, desenredar la madeja, terminar con la concentración del
poder y la exclusividad de los políticos profesionales, arrasando con los diques
que impiden la libre expresión de la soberanía popular.
La construcción de una nueva coalición supone la convergencia de personas, ideas
y herramientas, reuniendo mayorías que incluyan a los millones que se han
restado del ejercicio del sufragio, en especial a los jóvenes.
Condición sine qua non para llevar todo esto a la práctica es volver a convocar
a los paraguayos que los mandaron para su casa después del golpe de estado de
1989, rompiendo el esquema veneciano de toma de decisiones que hasta ahora ha
obedecido, con o sin razón, a esa vieja máxima del despotismo ilustrado que
manda a hacer "todo por el pueblo, pero sin el pueblo".
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