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Primera Quincena de Diciembre/2007
Ya no se trata sólo de pedir soluciones a problemas materiales, sino de exigir
trato igualitario, respeto a la sociedad luqueña que vive la irritación, por
ejemplo, de ver a menores de edad , gente adinerada, conduciendo en ruidosas caravanas, en
vehículos 4x4 junto a cuatriciclones, invitando a sus amigos a las fiestas,
organizadas por los que se sienten con derecho a hacer lo que les da la gana.
Nuestra
clase política paraguaya. (II)
El periodismo alternativo o periodismo urbano.
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espués
de la caída de la dictadura en Paraguay surgen las “radios libres”, o radios
comunitarias aunque los canales de TV de barrio, no tenemos en Paraguay las
realidades a las que los medios institucionalizados, y los propios políticos, se
ven obligados a abarcar también y convivir e incluso interactuar con ellos.
Es cuando surge el "periodista rural" o "comunicador social" el efecto
demostración, y el agravio comparativo consiguiente, que se produce debido a la
amplia información ciudadana originada por la masificación de la información
debido al crecimiento de las vías de comunicación y la Internet, que han
generado una revolución de las expectativas sociales.
La publicidad inunda los hogares más humildes con propuestas inalcanzables y
difunde paradigmas estéticos y de bienestar económico claramente
discriminatorios e irritantes, imposibles de resolver en el corto plazo, por lo
que generan un sentimiento de impotencia en la mayoría de la población,
especialmente en los sectores más carenciados o con menos oportunidades.
Ante esta nueva percepción y realidad político-social, junto a las demandas
“clásicas” se han instalado con mucha mayor fuerza que en el pasado, y de manera
irreversible, la demanda por dignidad y trato igualitario, es decir, por el
respeto.
Ya no se trata sólo de pedir soluciones a problemas materiales, sino de exigir
trato igualitario, respeto a la sociedad luqueña que vive la irritación,
por ejemplo, de ver a menores de edad conduciendo en ruidosas caravanas, en
vehículos 4x4 junto a cuatriciclones, invitando a sus amigos a las fiestas,
organizadas por los que se sienten con derecho a hacer lo que les da la gana.
La Ley 1.100/97 (*) prohíbe tales practicas además de otras leyes
normativas, que la policía debería por iniciativa propia hacer respetar, sin
embargo no actúa in situ propio y obligar
a acatar la Ley, no lo hace ya sea por ignorar la Ley o por temor a los dueños
del "pulgar", puesto que la propia policía, no ve, no escucha y no habla, hace
la vista gorda.
Esta es la sensación para el hombre común, de ser siempre postergado, de
que los “enchufados” siempre se saltan la fila y los tiempos de espera, de que
no todos llevan la misma carga, está ya muy arraigada en nuestra sociedad.
La idea es que los privilegiados son los que están en el poder, digan lo que
digan, incluyendo en esto a los políticos. A ello han contribuido, sin dudas,
los propios políticos, a quienes se elige para que defiendan los derechos de las
personas y en cambio se les ve muchas veces preocupados de temas ajenos a la
cotidianidad ciudadana y disfrutando ostensiblemente de los beneficios y
privilegios que da el poder y sus bienes, la mayoría mal habidos.
El cambio de la relación ciudadano -partidos autoridad- va más allá de
demandas materiales y tiene que ver con una demanda por una “cultura de la
igualdad” que permee y traspase el todo y las partes de la sociedad, con la
gente como protagonista, intermediada por partidos y múltiples organizaciones,
más o menos estructuradas, sólo en cuanto éstos encarnen esa cultura y se hagan
cargo en los hechos, de manera cotidiana y visible, tanto de la construcción de
una convivencia justa y digna -el viejo “bien común” que venimos
reclamando desde el año 1689 pasando por el año 1731 con Monpox, Antequera y
Castro- hasta nuestros días, como de solucionar y anticiparse a los problemas de
las personas.
No basta con entregar viviendas, si estas y su entorno no cuentan con una
homologación básica con los parámetros de igualdad que protegen la dignidad de
las personas.
No basta con declarar a la gente “representada”, sino que ésta quiere sentirse
efectivamente representada.
La gente conceptualiza, por lo tanto, la función política de una manera distinta
a como esta actividad está institucionalizada, lo que tiene consecuencias
concretas y explica el declive de los partidos y la emergencia de outsiders,
neopopulistas y líderes mesiánicos:
Primero, las personas entienden que la labor de una autoridad es primordialmente
la de proteger, defender y representar sus derechos ante la Ley, canalizando,
dando la solución de problemas específicos, y secundariamente la tarea
legislativa propiamente tal.
Es decir, en lugar de la clásica función de elaborar las leyes teniendo en
cuenta a los representados, se pasa a exigir a los parlamentarios una tarea
casuística, esto que corresponde a jefes de servicio, al Intendente
Municipal y concejales y a la propia policía que a la vez es "una función
forense de defensa de derechos ante la autoridad".
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