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Primera Quincena de Agosto/2007
Por ejemplo, el salario -el precio del trabajo como lo llaman los economistas-
es lo que determina la supervivencia de los trabajadores. Es algo tan obvio que
se llega a olvidar su importancia primordial para evitar el hambre y todas las
demás indignidades de la pobreza. El sueldo mínimo, de hecho, es una forma de
asegurar el nivel más básico de vida: marca el límite del derecho a la vida. He
ahí una preocupación efectiva por la vida, he ahí un tema valórico de la más
alta relevancia. La emigración que sufre el Paraguay se debe en parte a que
profesionales altamente calificados, se les paga un sueldo mínimo obrero,
mientras las empresas se llenan los bolsillos a costa de ese esfuerzo. Pareciera
que los empresarios se pusieron de acuerdo.
Cuando la
injusticia clama al cielo.
Los efectos de una pobreza persistente.
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areciera que la herencia más
profunda que dejó Juan Pablo II en la iglesia Católica, fue su particular
tradicionalismo.
Aquí podríamos decir que, en general, ello significó un vuelco de la iglesia
sobre sí misma, sobre la propia jerarquía en realidad.
En un mundo en el cual el catolicismo y la institución que la dirige han pasado
a segundo orden, era preferible mirarse el ombligo, volverse una especie de
autista autoritario y asegurar al menos el terreno que ya se tenía ganado, es
más, no hay que perderse con el espejismo mediático de los cuantiosos viajes del
ex obispo Fernando Lugo por el mundo.
Se cerraron esas ventanas que en su momento se habían abierto para orear la
iglesia: el "aca pete" dado por el Presidente de la República a la curia fue
ejemplar y la removió hasta sus cimientos. Todo quedó en una especie de brumoso
limbo, transformado en un recuerdo incómodo, casi como "un pecado de juventud".
Con mayor razón la opción preferencial por los pobres y la noción de pecado
social.
La curia paraguaya que habría decidido cambiar las prioridades de su maestro y
dejar la Doctrina Social sólo como una cuestión académica. Aunque cabe señalar
la excepción que significó la denuncia del neoliberalismo hecha por Juan Pablo
II años atrás y en especial su encíclica Laborem exercens. Mas, es síntomatico
el "olvido" en que cayó esa carta pastoral y la dura actitud que durante su
pontificado se tuvo contra los teólogos y el clero "progresista".
En nuestro país ese específico conservadurismo también marca a la Iglesia
Católica pos dictadura y con obcecación se ha limitado a "preocuparse" de los
"temas valóricos". Sin embargo, su fijación no es por cualquier asunto moral.
Como triste y gráfico ejemplo de esta singular prioridad moralista del clero
nacional. El documento emitido por la CEP señala que "...la CEP no apoya a
ningún candidato". No obstante critica el discurso del "todo vale" y señalan que
"...los ataques de Nicanor son causados por el temor que le causa Fernando Lugo"
señaló Ignacio Gogorza presidente de la CEP.
Recordemos que hace meses, cuando el ex monseñor Fernando Lugo decidió lanzarse
a la arena política, se le identificó en los medios como "progresista". No
obstante, se quedó muy grabada una entrevista que se le realizó en una radio al
poco tiempo de asumir como futuro candidato de la Concertación: le consultaron
por cuál era en su opinión acerca de la cuestión moral más urgente en
Paraguay... ¡y señaló que era la pobreza!. Por supuesto que es una opción tan
válida como otras.
El asunto es que no debería ser la única o la más importante para quien detenta
la primera magistratura, y esta bien que lo sea.
Pero para el clero, la iglesia, no parece ser esa su preocupación, su obsesión
es la sexual, la píldora del día después y los anticonceptivos, en un país
subdesarrollado como el nuestro, con desigualdades sociales tan groseras e
institucionalizadas legalmente fruto del consenso de las "cúpulas" de la
oposición y la "complicidad del partido de gobierno.
Nos comentaba un cartonero al leer el cartel colocado por la Gobernación de
Central en la plaza de la Iglesia; "¿Como es posible que la gobernación de
Central haya regalado 80 millones de guaranies al Santuario de Luque para hacer
un escenario, habiendo tanta hambre en Paraguay?".
Una vez más, importa ser repetitivo al respecto, se debe recordar que Paraguay
está dentro de los países con peor distribución del ingreso en el mundo.
Entonces, es de una nimiedad inexcusable quedarse discutiendo sólo sobre la
pobreza, reducir el tema valórico y la opción de una mejor vida en una discusión
a esa esfera. ¡La moral individual y social no se puede radicalizar
recordandonos que somos pobres!
Esa ceguera puritana, de la Iglesia que no ha querido ver las injusticias
sociales del país, durante esta transición considerando que la iglesia aún
conserva cierta influencia (y un deber de caridad), terminó siendo cómplice por
omisión de aquellas.
Ese obtuso y particular afán por la vida. Se olvidó que justamente la vida se
sostiene en base a los salarios justos, a un trabajo digno, a condiciones de
vida decentes, a una igualdad de oportunidades efectiva y real y no a temas de
tipo sexual y con el argumento; ¡¡Achicharanga somos tan pobres!!.
Por ejemplo, el salario -el precio del trabajo como lo llaman los economistas-
es lo que determina la supervivencia de los trabajadores. Es algo tan obvio que
se llega a olvidar su importancia primordial para evitar el hambre y todas las
demás indignidades de la pobreza. El sueldo mínimo, de hecho, es una forma de
asegurar el nivel más básico de vida: marca el límite del derecho a la vida. He
ahí una preocupación efectiva por la vida, he ahí un tema valórico de la más
alta relevancia.
En ese sentido, enhorabuena los obispos hicieron su última declaración de
denuncia de la escandalosa desigualdad existente en el país. Por fin vencieron
esa especie de temor a opinar de cosas "mundanas". Nicanor les puso los pies en
la tierra a quienes habían terminado por impulsar una especie de privatización
de la iglesia al fomentar un mero individualismo místico. Más vale tarde que
nunca.
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