menos de tres años, se sucedía la tragedia más grande de todos los tiempos en
Paraguay, el incendio del Supermercado Ycua Bolaños en Asunción, los familiares
de los obreros que murieron en el incendio aun no tienen ningún tipo de
resarcimiento. En el siniestro del Supermercado Ycua Bolaños en Asunción,
murieron calcinadas cerca de 500 personas, muchos de ellos empleados del local
siniestrado.
Esta tragedia laboral se habría prevenido si los empleados hubiesen estado
organizados en un sindicato, habrían intimando a la patronal a respetar las
normas laborales, de esa tragedia quedaron 204 huérfanos.
Pero compradores ansiosos por recortar costos y conseguir mayores beneficios, y
patrones ávidos por atraer compradores, junto a un Gobierno que no se ocupa en
proteger a la población organizándola.
La desorganización de los trabajadores, motiva a que se violen los derechos
laborales, permitiendo persecuciones a los trabajadores que desean
sindicalizarse, desatándose, en el peor de los casos, desastres como éste.
El 1º de mayo, muchas personas a nivel global conmemoran un día de solidaridad y
de demanda por una vida más digna. Esto sucede en el mismo mundo donde existen
500 millones de personas que viven con menos de un dólar al día.
En países como Bolivia, Paraguay, Ecuador, Indonesia, Honduras, Marruecos, e
incluso España y el Reino Unido, tener un trabajo no es suficiente para sacar a
los trabajadores, y particularmente a las mujeres trabajadoras, de la pobreza.
Son ellas las que tienen menos alternativas de empleo y las que trabajan durante
largas jornadas, en condiciones laborales precarias.
Esta realidad muchas veces está avalada por gobiernos que diseñan políticas de
empleo erradas: mercados laborales flexibles para incrementar la competitividad
y abaratar los costos, creación de puestos de trabajo y un supuesto alivio a la
pobreza. No obstante, este tipo de políticas a menudo sólo conducen a la
creación de puestos de trabajo inseguros, con salarios de miseria y mínimos
derechos.
Las mujeres tienden a ocupar la mayoría de estos empleos precarios. No están
legalmente reconocidas como "trabajadoras" ni por sus empleadores, ni por el
Estado, no pueden reclamar sus derechos. Una mayor flexibilidad, combinada con
actitudes discriminatorias, ponen a las mujeres ante una terrible alternativa:
un trabajo a cualquier precio.
Bajo la presión de inversionistas nacionales, extranjeros y de multinacionales,
los Gobiernos están abriendo flancos a los estándares laborales en la búsqueda
de precios más bajos y entregas más rápidas.
En Paraguay, la industria agro exportadora es uno de los pilares de la economía
nacional. En ella trabajan mayoritariamente mujeres; el 95% de ellas no tienen
contrato estable, carecen de previsión y salud. En período de acopio de algodón
trabajan 60 horas a la semana. Una de cada 3 gana un salario inferior al mínimo,
como máximo y en su mayoría reciben el 40% de lo reciben los hombres
desempeñando el mismo trabajo.
Con el sueldo que reciben las trabajadoras de la floricultura luqueña y aregüeña,
sólo cubren el 45% de sus necesidades básicas. Similar es la realidad de las
mujeres que trabajan en el sector textil como costureras: el sueldo que reciben
les alcanza para un tercio de sus gastos, jamás llegan a tener antigüedad en el
puesto laboral y la mayoría de ellas son temporeras o trabajadoras a destajo.
En Paraguay, los "supermercados" se llevan la "guinda de la torta" han
introducido duros objetivos de trabajo, como ser asear el local después de la
jornada, llenar las góndolas, unido esto a sueldos muy bajos, menos del mínimo.
Ese ritmo de trabajo, empuja a las mujeres a saltarse las comidas y los
descansos previstos para ir al baño, cargándose largas jornadas de trabajo y sin
el cobro de horas extraordinarias por la limpieza del local. Asumiendo con una
serie de costos para su salud física y mental.
Nuestra pujante industria grafica no le ha reportado ganancias a las mujeres: el
98% de ellas gana un salario mínimo, con horarios extenuantes de doce horas. Las
empresas, en respuesta a la reestructuración del mercado global, están
despidiendo a las trabajadoras antes de tener estabilidad laboral sin ninguna
compensación económica, después de largos meses de fastidio a fin de obligarlas
a renunciar, a las embarazadas se las despide mediante argucias y resquicios
legales.
Si nos preguntamos ¿Porque emigran nuestros compatriotas? la respuesta seria;
Porque miles de trabajadores con contratos fijos han sido despedidos y
reemplazados por empleados con contrato temporal y menor salario, en base a la
política impuesta por las patronales a esto ellos llaman "flexibilidad laboral",
el trabajador cargado de familia no tiene otra salida que emigrar. Lo triste de
todo esto es que los que emigran son los profesionales.
En Luque como Aregua, Limpio y demás ciudades del Departamento Central, el 95%
de las personas que trabajan en sus casas son mujeres (costureras, tejedoras,
orfebres, alfareras) que cobran por unidad de producción y a las que
sistemáticamente se les ha negado el derecho a ganar un salario mínimo, a tener
vacaciones o a cobrar horas extras.
Esto demuestra que las estrategias orientadas a la exportación, si bien crean
empleos, pueden sobre exigir la fuerza laboral de mujeres y hombres al punto de
condenarlos a la pobreza.
Durante este año, se le escucho al Primer Mandatario Nicanor Duarte Frutos decir
cosas que por décadas no se decían, "les pido, unámonos para poner fin a la
pobreza" lo dijo en un acto mientras distribuía más de mil becas de estudio en
universidades, a estudiantes de bajos recursos. Pero, con este sistema neo
liberal de producción se corre el riesgo latente de formar profesionales para el
exterior a más de crear trabajos a cualquier precio.
Las multinacionales que se surten en países y comunidades pobres deben revisar
sus políticas para asegurar que sus proveedores respeten los derechos laborales,
y las condiciones de empleo y trabajo.
Por otra parte el Gobierno debería implantar y aplicar mecanismos de protección
para que se respeten los derechos de los trabajadores y trabajadoras, enviando
un proyecto de Ley que obligue la sindicalización de los obreros, ayudarlos a
sindicalizarse especialmente para quienes están en empleos precarios. Como están
las cosas pareciera que el Gobierno es cómplice de las patronales.
Hacer respetar estos derechos y apoyar las políticas de empleo que tienen en
cuenta a las personas trae consigo una prosperidad duradera en países y
comunidades que hoy viven atrapados en la pobreza en el Paraguay.
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