a
democracia paraguaya requiere que se (re) establezcan nuevos puentes entre la
sociedad y los líderes políticos, lo cual lleva a que los partidos redefinan su
rol hacia una mayor especialización en torno a formación de nuevos cuadros y
sobre todo de ideas.
Desde este ángulo, la estrategia de Fernando Lugo debe perfilar nuevas formas de
autodeterminación colectiva, tales como diálogos ciudadanos, introducción de
elementos de la democracia deliberativa, directa y participativa (iniciativa
popular de ley, plebiscitos, presupuestos participativos, etc.), así como
también un acercamiento hacia el universo de jóvenes reacios a participar en
política.
Hasta el momento la coalición de gobierno en el poder ha hablado mucho de estos
tópicos, pero prácticamente no ha realizado nada para llevarlos a la práctica.
He aquí entonces una prueba de fuego para Fernando Lugo respecto a su real
interés en vincular dos necesidades "Ciudadanía y Política".
Las dos necesidades.
A modo de conclusión, cabe indicar que la única fórmula para enfrentar los
rasgos neopopulistas inherentes a la política latinoamericana actual, es a
través de propuestas serias y de largo plazo. En este sentido, hay - por lo
menos - dos áreas claves de acción para quien sea la/el próxima/o gobernante de
Paraguay (Blanca Ovelar, actual ministra de Educación y Cultura, se perfila como candidata por el coloradismo): por una
parte, dignificar la condición material y simbólica de los excluidos la bandera
que hasta ahora hace flamear Fernando Lugo y, por otra, con Blanca Ovelar,
diseñar una política sobre el espacio de la opinión pública manejando lo
mediático. A continuación se detallan brevemente ambos puntos:
a) Dignificar la condición material y simbólica de los excluidos. La
existencia de un gran número de personas que se sienten subjetivamente excluidas
del orden social hace que para ellos resulten los discursos neopopulistas
particularmente llamativos.
A saber en el Paraguay de hoy no hay crecimiento económico con una gran tasa de
desempleo, en donde el ciudadano se ve en la necesidad de tener que dejar su
patria para poder sobrevivir es cuando disminuye la efectividad de dicho
discurso.
Atacar este problema de raíz requiere que se aumente el reconocimiento al
esfuerzo individual y que se den vida a nuevas formas de poder colectivo, puesto
que así se aumenta la posibilidad de que los excluidos dejen de sentirse como
espectadores y se perciban más como actores de la realidad social. Pues al
existir una mayor vinculación entre los sujetos excluidos y el conjunto de la
sociedad, disminuye la capacidad preformativa del discurso neo populista.
b) Diseñar una política sobre el espacio de la opinión pública. Es de
vital importancia que en Paraguay se genere un debate y se tomen medidas para la
potenciación de un genuino espacio de opinión pública.
A partir de la vuelta a la democracia se ha definido el accionar de los medios
de comunicación como un simple mercado de transacción de audiencias, de modo que
se ha prescindido de cualquier política que delimite cierto tipo de
comunicaciones como un bien público.
Una de las consecuencias no esperadas de este proceso ha sido el constante
perfeccionamiento de las técnicas para obtener la atención de los espectadores,
ya que de ello depende la subsistencia económica de los medios de comunicación
de masas, cosa que después del golpe de Estado (marzo paraguayo) este fenómeno
se agravó, con el financiamiento por parte de las hidroeléctricas a sus amigos
los medios de comunicación afines a al Gobierno.
Producto de ello, se ha venido dando un anestesiamiento de la función crítica de
la opinión pública, así como también se ha avanzado hacia el imperio de una
suerte de dictadura de las audiencias.
Revertir este proceso requiere una redefinición del actuar del Estado en torno a
los medios de comunicación, lo cual pasa por repensar la función de una serie de
instituciones.
Tener una postura frente a la historia reciente de Paraguay. Si bien no hay
investigaciones importantes sobre la amnesia colectiva que ha sufrido Paraguay,
es posible pensar que lentamente se está abriendo un nuevo espacio para
reconstruir la memoria histórica del país, esa es la lucha de Martín Almada,
defensor de los derechos humanos en Paraguay.
Sin duda alguna que esto se relaciona con el cambio que se ha producido con
posterioridad a la formación de la Concertación. Pues, a contar de entonces, la
sociedad Paraguaya ha comenzado a experimentar un enfrentamiento con sus tabúes
y por ello es que se hable de una suerte de destape cultural, junto al ex
monseñor Fernando Lugo.
Hitos como la avalancha de información mediática producto de los medios de
comunicación oficialistas y semi oficialistas, financiados con el dinero
provenientes de las hidroeléctricas, así como el éxito de la última
concentración y marcha de las fuerzas que apoyan a Fernando Lugo y la
autoexclusión de los partidos tradicionales, pueden ser vistos como indicadores
de la apertura de un espacio para la discusión del pasado reciente de Paraguay.
De ser esto una realidad, cabe preguntarse ¿cuál es el rol que la futura
candidata oficialista Blanca Ovelar, debe asumir al respecto?. Se trata de un
asunto bastante delicado, ya que ella debe encontrar el equilibrio entre una
creciente demanda por el esclarecimiento de la verdad y, a su vez, por la
superación del pasado, o mejor dicho, por reconstrucción de la identidad
nacional por un lado y de su partido por el otro.
Las biografías de los nombrados en este editorial difícilmente pasan
inadvertidas, puesto que son el reflejo de un país que dolorosamente a
transitado desde el oficialismo a la confrontación de la Concertación. Pero este
tránsito ha sido vivido, por Fernando Lugo en silencio y de forma personal. Lo
que Paraguay requiere es asumir este tránsito en voz alta y de forma colectiva
en la Concertación.
Para asumir este desafío, Fernando Lugo debe utilizar su capital biográfico de
forma soterrada. Su perfil de liderazgo horizontal no autoritario se puede ver
reforzado por esta opción. No a la provocación, pero sí a la verdad, es decir,
hablar con inteligencia antes que con rabia.
Esto implica que el pasado antidemocrático de los poderes fácticos del Paraguay,
efectivamente seguirá pesando en esta elección (es decir, el elivaje
democrático/autoritario), aun cuando menos que en las anteriores, ya que ahora
se ha vuelto a perfilar un sector liberal duro, de derecha, el cual tiene menos
problemas al momento de presentar credenciales democráticas.
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