El mes de enero de 2012, no fue una jornada más para el pueblo nativo. Ese mes
todo fue muy rápido. Las comunidades nativas lograron llamar la atención de
propios y extraños, sin embargo en el aire se percibe un carnaval en el centro
de Asunción, pero el carnaval no se hace en la calle, si no en las plazas, y no
por los nativos que también son paraguayos, sino que por las grandes empresas
comerciales, que las ocupan como propias.
Una vez más en nuestra historia el rol protagónico lo tiene nuestra gente más
humilde en la defensa de los derechos ciudadanos y están pagando caro su
compromiso social, que aunque muchos de nuestros nativos no saben del
significado de la igualdad, la perciben y la rechazan. Ellos dicen ser
rechazados por el hombre blanco, a ese fenómeno nosotros lo llamamos
discriminación.
Se nos viene a la memoria una anécdota; "Nos contaba Alberto Santacruz (ver Cap.
10 "Ciudad de Luque...la aldea global ha llegado") que llegando a un hotel, de
mediana calidad, en Ciudad del Este, pide una habitación, saca el dinero para
pagar y el dueño le menciona que no tiene habitaciones disponibles, Alberto,
-nuestro nativo- va a otro hotel, pero al salir, ve que otra persona, esta vez
un señor alto y rubio, entra y le pide una habitación al dueño del hotel, este
se da vuelta y le da una llave".
El – Alberto- sigue su camino, pero se aleja molesto, enojado, sin saber el ¿por
qué?. En su interior este hombre sabe que es injusto lo que le ha pasado, pero
no sabe como reclamar, menos que hay tratados internacionales, que castigan esta
discriminación.
Con relatos como estos vemos que no hemos recuperado y sí hemos construimos
entre todos nuestra democracia la que nos ha permitido alcanzar -a los blancos-
"...mayores niveles de prosperidad, así como gozar de una sociedad más diversa,
más tolerante y, desde luego, mucho más abierta y conectada con el mundo", como
se escucha en medios de comunicación.
Con injusticias a ese pueblo hemos avanzado en la construcción de un Estado de
Derecho, cuya estructura legal se levanta a partir de la certeza jurídica y el
respeto irrestricto a los Derechos Humanos.
No es casual que Paraguay no lidere la región en términos de gobernabilidad.
Tampoco es fortuito que al cabo de dos generaciones se haya insertado en la
economía mundial, a través de la suscripción de acuerdos y tratados comerciales
con exportaciones que antes eran no tradicionales con otros países. Paraguay no
esperó, y fue al mundo con la firme decisión de insertarse en el proceso global.
Vamos a entrar a la mitad del tercer decenio, rememorando el 2 y 3 de febrero de
1.989, el avance y consolidación de nuestras libertades públicas, cuyo mejor
corolario lo constituye la reciente aprobación del compromiso por parte del
senado de reglamentar la Ley Electoral (fin de las listas sábana), herramienta
clave para controlar, evaluar estándares de calidad y eficiencia en la gestión
pública, de nuestros parlamentarios, así como el riguroso cumplimiento de
programación de metas. Sin duda esta normativa nos pone a la altura de los
países, cuyas administraciones públicas son capaces de transparentar desde la
base y dar cuenta en detalle de su accionar.
En este contexto, el Gobierno del presidente Fernando Lugo ha decidido afrontar
una encrucijada mundial, cual es definir con acierto el rol del Estado. La
evidencia actual indica que las equivocaciones sobre el rol que éste debe jugar,
repercuten negativamente en materias de mercado y gobernabilidad.
Seremos los reguladores y fiscalizadores eficientes, con nuestro voto en las
urnas, en lugar de propietarios improductivos, estos son rasgos de un Estado
abocado a tareas esenciales, alejado de posturas asistencialistas y
paternalistas.
Hoy un Estado "inteligente" es fuerte en funciones estratégicas pues sin ellas
no hay competitividad, estabilidad, ni menos crecimiento. Atrás quedó el tiempo
en que se pretendía un Estado mínimo y débil, siendo la propia ciencia económica
y sus crisis la que se encargó de desterrar el mito de que el Estado era una
institución del pasado.
Materias como promover la integración social, la competitividad, la educación,
la transparencia, y la democracia, sólo pueden ser impulsadas por el Estado,
mientras, con el fin de las listas sabana se rescindirá el “caudillismo” y los
dictadores en cada pueblo paraguayo.
Pero aún falta más, la política de desarrollo y protección social ha delineado
estratégicamente hacia dónde camina el Estado. Hoy, Paraguay fomenta la
competitividad, la investigación, la transparencia, la innovación, la
infraestructura esencial, la tecnología a través de los colegios, los cluster y
una mejor educación.
Se reconoce la diversidad medioambiental, nos aplazamos en lo cultural y se
asumen reivindicaciones de lo ecológico, de lo étnico de lo ancestral, y junto
con ello, tenemos que avanzar hacia una estructura más equitativa en la
distribución del ingreso, pues el progreso que hemos alcanzado se irradia hacia
todos los segmentos de nuestra sociedad.
Las bases de nuestro Sistema Integral de Protección Social están a la vista Ley
3728/09 y nadie puede decir que este gobierno no ha cumplido. Se añade el
Subsidio a los mayores de 65 años, con derecho a Salud Pública.
Con ella, Paraguay, se pone a la altura de sus vecinos, dando el 25% del salario
mínimo vigente (G. 1.658.232), es decir, 414.558 guaraníes (U$S 100) cada
pensión, a los desposeídos. Serán 25.000 pensiones de gracias, aúnque el
parlamento recorto a 20.000 las pensiones, se ha demostrado a un mundo en
turbulencia, que es posible hacer del derecho a la pensión un derecho de
carácter universal, asegurándoles a los más desposeídos, es decir, a quienes los
sistemas económicos ignoraron, que el desarrollo también cruzaría sus vidas,
asegurándoles así, una vejez digna.
Hoy, a casi un año de haber celebrado el Bicentenario, el Estado sigue siendo
vital para el desarrollo y la gobernabilidad democrática. Hablamos de un país
que crece y compatibiliza políticas sociales agresivas con desarrollo económico
sustentable. El desarrollo no se importa y por lo tanto sigue siendo una empresa
autóctona que cada país debe emprender habida cuenta de sus recursos,
capacidades y posibilidades.
Están creadas las condiciones para poder mantener la creatividad, el liderazgo,
y la cohesión social que hemos alcanzado. En consecuencia, la encrucijada a
resolver es cómo somos capaces de continuar alcanzando consensos que sólo tengan
por fin el interés superior de Paraguay. El único camino posible es de la
perseverancia, el diálogo, y los buenos acuerdos. El rumbo está claro y el timón
más firme que nunca. Ñande rekove iporápajepéva del progreso ligado a la
diversidad.
Enero 2012.-