a
crisis en la política paraguaya ha tocado profundamente los municipios desde la
transformación democrática del ´89.
a) ¿La política está en crisis en Paraguay? Y cuando la política está en crisis,
lo que en verdad está en peligro es la República. Es decir, su sistema
jurídico-institucional, sus estructuras políticas, económicas y culturales. Todo
el aparataje que, en nuestro caso, se ha votado mayoritariamente por conservar,
estos últimos 21 años, el preservar las instituciones y el modelo político que
nos dejara la dictadura. Esta crisis republicana, se expresa en la paradoja
política que al año 2010, sobrevive casi intacta; y en algunos casos
perfeccionada; una institucionalidad jurídico-política oligárquica, en donde
cada ciudad en el Paraguay cuenta con una familia y un caudillo que lo supervisa
todo. Y un modelo económico neoliberal impuesto por una alianza empresarial que
se instaló por prebendas en el país durante los anteriores Gobiernos.
b) ¿Porqué es posible que esto suceda en un país donde suponemos existe una
fuerte matriz democrática y republicana de hombres libres? Pues, porque ello
significa la sobrevivencia de un régimen político que es tributario de una
economía que favorece la acumulación y apropiación de la riqueza patrimonial y
de su producto, por parte de unas cuantas empresas de capital nacional y/o de
consorcios financieros internacionales que se representen apenas un puñado de
familias, y, en consecuencia, conserva un régimen político oligárquico (de
minorías) y de cooptación.
c) Probablemente, para esta generación, la del Bicentenario, podamos entender
algo, aunque sea un poquito, respecto lo que este cambio social. También es
probable que muchos de nosotros siempre estemos leyendo o interesándonos por una
literatura que informa o que tiene que ver con procesos de cambios para el País.
Pues bien, en el caso de Paraguay tenemos un buen ejemplo para aprender, no de
cómo cambian las cosas, por el contrario, aprender respecto de las estrategias
de resistencia al cambio, la mayoría de las candidaturas que se han presentado
han tomado el cambio como programa de un buen Gobierno Municipal, nos proponen
el cambio.
La pregunta que nos deberíamos hacer es ¿cómo ha sido posible que no se pueda
terminar con los engendros del pasado después de un tiempo equivalente al que
usaron para imponerse, sobre todo que disponemos de la legitimidad y el sentido
de justicia necesario para llevarlo a cabo? Use usted discernimiento, que esto,
no tiene mucho que ver solo con la resistencia al cambio que ponen los
“guardianes” y neoliberales, tanto como sí tiene que ver con la traición a la
confianza democrática que el pueblo movilizado entregara a las burocracias de
las coaliciones partidarias que se suponían conducirían el camino de vuelta a
una verdadera democracia.
d) En la realidad de la tragedia del pueblo de paraguayo existen tres grandes
líneas de problemas a enfrentar y resolver.
Por una parte, la cuestión de los derechos humanos, cultivar una educación y una
cultura de la paz y del respeto a los derechos humanos, económicos y sociales.
Por otra, recuperar la democracia verdadera. Abrir cauces a una democracia
participativa, directa, protagónica y solidaria con fraternidad, y reformar las
instituciones del Estado, devolver la soberanía al pueblo, consensuar la nueva
república y descentralizar hasta donde los paraguayos, por medios democráticos,
territorio, decisiones y recursos podamos.
Finalmente, superar el dogma político económico del neoliberalismo, que es un
modelo económico depredador, confiscador de los bienes de todos los paraguayos,
y que solo acrecienta la brecha entre ricos y pobres, acentuando la desigualdad
social y la exclusión. Pareciera que el sentido de la oportunidad es para la
orientación estratégica de nuestra economía, o sea, asumir la misión de
especializarnos en la producción de proteínas para el mundo, y vitaminas para
Europa, de todo esto no quedan recursos impositivos para el Estado, mal puede
este “Estado empobrecido dar buena salud y educación.
En este Bicentenario, tenemos que recordar que el Comunismo llego al mundo por
las injusticias sociales, y como una forma de contrarrestarlas, y si se fue, es
porque se encontraron los caminos para superarlas sin enfrentamientos.
En Sur América el viento de la historia sopla en la espalda de los movimientos
populares que hacen retroceder al neoliberalismo y donde las mayorías populares
recuperan la producción de su destino e historia en sus manos. Aún cuando en
Paraguay tengamos el viento soplándonos de frente.
Los candidatos nos hablan de cambios, como si se tratara de piedras que
sobresalen en un río, los cooptados del neoliberalismo saltan de un problema a
otro, de una temática a otra, sin caerse ni al agua ni saltar a la orilla, o
sea, sin resolver desde el fondo ni el tema de los derechos humanos, -una
educación con recursos que el Estado no dispone- ni la situación de la
democracia, ni el tema de la desigualdad social. Si en una dictadura militar el
control social se ejerce por las armas, en la economía neoliberal el control
social se ejerce desde el endeudamiento.
La usura y usureros que asfixian los sectores de medianos y pequeños
empresarios, los sectores medios y los sectores empobrecidos (la clase media),
sin hablar de los campesinos.
e) Nadie, legítimamente, puede contradecir la idea que en nuestro país fueron
los movimientos sociales, la movilización social y la lucha sin cuartel en
contra de la tiranía la que finalmente logró terminar con la dictadura. Han sido
los movimientos sindicales y sociales los grandes animadores, que, desde los
medios de comunicación clausurados –Diario Abc Color y Radio Ñanduty- apoyaban
las jornadas de movilización democrática, sin olvidar a la Iglesia Católica, en
la figura del Monseñor Ismael Rolón.
Es más, la tradición partidaria se ha reconstruido desde los movimientos
sociales. No hubiera sido posible la reconstrucción de una oposición sin
partidos políticos en Paraguay, sin la movilización social y popular. Dicho
proyecto de reformas democráticas llegaron a constituir el cimiento sobre el
cual se edificó la movilización social.
Sin embargo, han sido las burocracias partidarias, actuando en coalición,
quienes en un proceso continuo de empobrecimiento democrático han terminado por
traicionar el mandato popular de cambio, y, por el contrario, se han dejado
cooptar por las ventajas minoritarias de la economía neoliberal, para ser
eficientes administradores, cuando no capataces.
f) En consecuencia, nos encontramos ante la realidad que hereda el presidente
Fernando Lugo, en la cual el proyecto nacional de transformación de las
estructuras institucionales y económicas heredadas han sido definitivamente
dejadas luego de dos décadas de intentos parciales por intervenirlo. Un
verdadero drama. Un gobierno que cambió la apariencia, la estética de la
República pero no su ética. Al mismo tiempo que nos deja el registro
periodístico de una fantasía egocéntrica de autodenominarse desde sus
partidarios, a través de las encuestas, ¿de qué lideres estamos hablando?
Un itinerario de abandonos y renunciamientos
g) Uno de los cogollos de esta herencia lo constituye el maquiavélico sistema
electoral de listas cerradas y sin segunda vuelta en las presidenciales diseñado
desde las cúpulas. Este sistema electoral que nunca, hasta ahora, ha podido ser
reformado, permite, a los de hoy y sus amigos y parientes, conservar y
reproducir una presencia parlamentaria que impide que gobierne la mayoría, y, en
consecuencia, impide que se puedan constituir los elevados quorums
constitucionales que se exigen para terminarla.
Así llegamos a estas elecciones Municipales, donde, no solo en Luque la
oligarquía es dueña de una ciudad, familias enteras ya viven de la política, un
negocio redondo. Piense usted, en su Ciudad, ¿En qué trabajo el Concejal que
usted le voto, le pagarían 15 millones de guaraníes por mes? Respóndaselo a su
conciencia.
¿Continuidad o cambio?
h) De este modo, y transcurridos 21 años desde la llegada de la democracia al
gobierno de la nación, sobrevive y se reproduce un sistema político oligárquico
y excluyente, eficaz en la protección de los intereses económicos y valóricos de
una plutocracia fundamentalista y de los grandes consorcios que operan sobre el
patrimonio del paraguayo.
i) Una reciente reforma en estas elecciones –permitiendo las alianzas- es visto
por la población como "solo un maquillaje" que ha mantenido intacto sus
fundamentos autoritarios y neoliberales, ha reforzado la convicción de que ello
fue posible gracias a la convergencia del antiguo civilismo con una nueva clase
política cooptada por el mundo de los negocios, abandonada a la adoración tardía
de las ideas liberales.
j) “Justicia en la medida de lo posible” fue una de las doctrinas que en materia
de derechos humanos limitó la acción de verdad, reparación y justicia a las
miles de víctimas de los derechos humanos. Respecto a los cambios
constitucionales, cada maquillaje, entusiasmó a los agoreros, que se dedicaron
por más de una década a pregonar en repetidas ocasiones que en Paraguay se ha
terminado la transición. Es lo que han dicho tras de cada elección presidencial,
es que quieren cerrar el campo a las demandas populares por democracia
verdadera, verdad y justicia, y fin de las desigualdades sociales. El fin de la
transición que solo pudo llegar con Fernando Lugo, como lo dijéramos la misma
noche en que fue electo, la transición no se puede decretar por faena. Ni el
clamor de un pueblo se puede contener.
k) En estos días, la firme palabra empeñada por los intendentales es; “asumir
las dificultades de la Ciudad", actitud acompañada por las Juntas Vecinales que
han reinstalado las movilizaciones sociales, el reencuentro unitario de los
pobladores. Han organizado comités unitarios de toda naturaleza en los
municipios del País, y abierto una infinidad de oportunidades para reponer e
impulsar, desde una lógica social y popular, la verdadera democratización, las
transformaciones que comienzan a desmantelar el andamiaje dejado a los herederos
del poder en cada pueblo de Paraguay.
En este contexto, y ante la amenaza de un desbordamiento popular que empuje
reformas sustanciales, no solo al sistema electoral de las listas cerradas, abre
la idea de algunos sectores minoritarios de la derecha que se apuran a negociar
a medias con la idea de reformar de manera que nada cambie en el fondo.
Estrategia que, por vieja, es demasiado conocida. Lo nuevo, si se puede llamar
nuevo al gatopardismo, es la actitud acelerada de los cooptados del sistema que
se han apurado a declarar que están dispuestos a “… aceptar y recoger lo que la
negociación sobre reforma electoral les sea concedido por la derecha”. Es decir,
se instala en política, y en la política de Estado, la misma y pusilánime
doctrina de los Gobiernos anteriores se instaló en materia de Derechos Humanos,
“justicia en la medida de lo posible”, ahora se dice; “… democracia en la medida
de lo posible”.
l) Esto nos permite apreciar la verdadera profundidad de la crisis moral de la
política en los partidos tradicionales. La misma medida para la crisis de las
burocracias partidarias, tetanizadas por el miedo al cambio, o abiertamente
cómplices de la mantención del estatus quo. Incluso entre aquellos que dijeron
apoyar al presidente Fernando Lugo, la voluntad de cambio que contribuyen a
paralizar su programa de Gobierno, infundiendo miedo de la crisis, con el miedo
de que todo cambio significa crisis, y presionando para que se abandone los
aspectos más sustanciales de su compromiso con la democracia verdadera y la
justicia social, a través de su compromiso notable, ¡¡así llegamos a estas
elecciones!! Casi medulares por tratarse de los Municipios, una elección, que es
la base de la organización política del País.
ll) El partido Liberal no escapa a esta crisis que atrapa las burocracias
partidarias. El medio para superarla es desde la perspectiva de la movilización
social, la lucha popular, la unidad del pueblo, la reconstrucción de un programa
común de transformaciones políticas, económicas y sociales. Los liderazgos no
están muertos.
En el caso del Partido Colorado se debe optar, definitivamente, por recuperar su
política humanitaria, solidaria, de centro izquierda de antaño, privilegiadora
del trabajo, la República se fundó en base al trabajo, no tiene que apartarse de
los movimientos sociales, lejos de las burocracias políticas y muy cerca de los
sueños y demandas populares. Es más necesario que nunca en Paraguay, un Partido
Colorado desde su propia identidad republicana, inspirada en la transformación
social.
Un Partido Colorado que inspire y conduzca alianzas cada vez más amplias hacia
el mundo popular, que permita intervenir y superar, en su especificidad, el
modelo del hombre del campo, hoy tan alejado de él, así como sus instituciones y
privilegios transferidos e impuestos como condiciones de vida y de ciudadanía
económica y social a todos los paraguayos. Un ejemplo palpable es negarse a
apoyar la Ley del Impuesto a la Renta Personal, amenazando con Juicio Político
ante cualquier cambio que el Ejecutivo impulse en favor de los desposeídos, así
los productores de soja y los exportadores de carne (por nombrar dos) se
enriquecen, sin dejar un dólar al Estado.

m) Se debe tener conciencia de lo que significaría, a la historia patria y de
América latina, allanar el camino al civilismo paraguayo, para que sea su
institucionalidad, su lógica política, la que se legitime y se proyecte en el
tiempo, por la sola razón de la cobardía moral de una generación, y la
incapacidad de construir caminos de la mano del pueblo para sustituirla a través
de la voluntad popular expresada en las urnas desde 1989, por formas de
democracia directa, participativa y protagónica.
n) El continuismo quiere trascender desde una supuesta significación histórica
del Bicentenario en el 2011. Peor es nada dirá más de alguien. Sin duda que es
tarde pretender que el Bicentenario pueda ser un objetivo para direccionar la
acción política de los demócratas en Paraguay. Eso no es, ni más ni menos, que
sincretismo político. Del mismo tipo que el sincretismo esotérico que anticipa
el fin del mundo para el 2012.
ñ) Los partidos se mueven por un sentido ético inspirado en el humanismo social,
objetivos económico-sociales, por un vector de significación socio-histórica que
se relaciona con las condiciones del pueblo en un contexto de una fuerte
expansión del capitalismo financiero internacional y de una nueva fisonomía del
imperialismo guerrero.
El país hará desfiles patrióticos para el Bicentenario. Mostraremos al mundo los
Intendentes de cada ciudad en mayo de 2011 junto a sus Concejales, serán la
autoridades que reflejaran en el futuro quiénes éramos y como vivíamos en estos
años. En Luque especialmente se inauguraran bellas obras públicas y nuevas
autopistas, -se nos viene el ómnibus articulado que saldrá de Luque-. Pero lo
que nos preocupa, lo que verdaderamente debe quitarnos el sueño, es si aún para
entonces, si no lo resolvemos antes, es el reclamo de los trabajadores que
seguirán reclamando restitución de derechos laborales y previsionales, en fin,
si aún, …. en fin, si aún tantas cosas.
o) Si por el contrario, construimos con generosidad un tipo de gobernabilidad
democrática de amplia base popular, como la matriz para sustentar la aspiración
popular y partidaria de lo que se trata es de volver a los principios originales
de lealtad al cambio democrático y a la justicia.
p) Entonces, se trata de vincular de una manera inequívoca el programa de
Gobierno con los intereses de la democracia plena, con un nuevo sistema
electoral, de segunda vuelta en las presidenciales, sin listas sabana, con una
orientación económica que sirva al mundo del trabajo, a los pequeños y medianos
empresarios, que se imponga obligaciones impositivas a los que más ganan, en
fin, que se afanen en no permitir impunidades, desigualdades ni pobreza. No
sirve el “más de lo mismo” como estandarte. El programa por el cual el pueblo
eligió a nuestras autoridades debe estar a la altura de las expectativas y de la
química que comienza a producirse entre ella y ese mundo popular que no olvida
su capacidad de soñar y espera que no lo traicionen.
q) La movilización social, la re-construcción de un proyecto político
esencialmente democrático y popular, integrador y solidario orientado a instalar
el horizonte que generen un nuevo marco constitucional, económico y político en
el País, en la perspectiva de fundar una República Social, constituye un mandato
histórico sustentado en una nueva ética democrática, no la ética “…de lo
posible” a del cambio.