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los últimos meses se ha producido una modificación sustantiva del escenario
electoral paraguayo. A la aglutinación de la Concertación en torno a una sola
candidatura sin necesidad de recurrir a primarias abiertas, se suma la irrupción
de otro candidato Colorado como segundo candidato al interior del partido.
Pese a estas novedades, los últimos sondeos de opinión siguen indicado la gran
ventaja electoral de Fernando Lugo, siempre dentro de la Concertación. Ante esta
situación, cabe preguntarse si el candidato de la Concertación logrará el
triunfo en las próximas elecciones presidenciales.
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Info |
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Esta serie
de artículos editoriales analizaremos el tema del populismo al
más alto nivel, este tema a partir de tres ángulos: 1) relación
con las elites, 2) distanciamiento frente al neo-populismo y,
por último, 3) postura frente a la historia reciente del
Paraguay. |
Los calificativos de populismo o de retorno a los años sesenta que algunos
tecnócratas o políticos tradicionales utilizan para referirse a esta nueva
realidad regional puede conducir a conclusiones muy equivocadas.
Pretender que al exponer ante los eventuales contendores a la Presidencia de la
República, su visión, su posición y sus argumentos en lo que concierne a temas
como la pobreza, el desempleo, la migración de paraguayos al exterior nos
llevaría al colmo del populismo barato, de la voluntad premeditada y enfermiza
de manipulación y de la incoherencia total, absoluta y absurda, puesto que el
problema de fondo es analizar ¿que fue lo que nos llevo a estar en esta
situación? de ese análisis saldrá la solución.
La tesis de fondo que interesa plantear es que el éxito de los candidatos en
competencia depende del desarrollo de una estrategia político-comunicacional y
que el gobierno -a través del partido de gobierno- que sea capaz de destacar que
el liderazgo que se ofrece está íntimamente relacionado con las nuevas demandas
de la sociedad Paraguaya.
Dicho de forma simple, la Presidencia de la República la obtendrá quien logre
encarnar lo que una gran mayoría de Paraguayos y Paraguayas desean en el día de
hoy: relaciones de mando marcadas por una mayor horizontalidad, reconocimiento
al esfuerzo individual y potenciación del poder colectivo, así como también un
(re) encuentro
con la memoria reciente del país.
Por ejemplo, aún falta consolidar una organización política real del pueblo,
aunque hoy existen inmejorables condiciones para conducir al "populismo" de la
distribución de beneficios sociales del Estado --alimentación, salud,
educación-- a una etapa superior de conciencia y militancia política seriamente
organizada con la diversidad de sectores que apoyan el proceso bolivariano de
Chávez que se quiere implementar en Paraguay.
Por lo menos para derrotar a la abstención que se hace presente en todas las
elecciones incluyendo las no presidenciales.
Relación con las elites
En nuestro país existe una sensación de malestar hacia las elites que están
establecidas en el poder. La gran mayoría de la ciudadanía percibe que quienes
están en la cúspide de la sociedad suelen relacionarse de forma arrogante y
vertical hacia el común de la población. Este malestar resulta particularmente
cierto hacia la clase política, lo cual se refleja paradigmáticamente en los
escasos índices de confianza que detentan instituciones como el parlamento y los
partidos.
Sin embargo, las actividades de la política no incorporan totalmente a las
políticas públicas todavía. En la discusión política habitualmente predomina la
retórica en torno a unos pocos temas de alta visibilidad, no siempre de gran
interés público.
Los partidos políticos, de gobierno y de oposición, rara vez examinan con
profundidad las actividades de los gobiernos; los institutos de estudio lo hacen
con mayor frecuencia, pero su relación con los partidos, el gobierno y el
Congreso es poco fluida.
Las organizaciones de la comunidad tienen poco acceso a la información, lo que
sesga la participación. Los medios de comunicación, con excepciones notables,
editorializan más que comentan.
La política sin propuestas de políticas públicas corre el riesgo de concentrarse
en la distribución del poder entre los agentes políticos y sociales.
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Próxima Entrega. |
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Una elite
contra-elite
Ahora bien, es importante destacar que la población paraguaya no tiene en
principio problema con la existencia de elites que deseen dirigir al país, sino
que su malestar radica en las formas de conducción social que actualmente se
ejercen. Más que dirigentes, lo que Paraguay necesita es que cada uno de
nosotros se haga cargo de sacar adelante su propio proyecto de vida.
En consecuencia, el punto clave es que Monseñor Lugo es un miembro de la elite,
pero no de cualquier elite. En Paraguay, al igual como en todos los países del
mundo, existen elites en plural, las cuales se diferencian -entre otros rasgos-
según sus posturas valóricas, sus opiniones frente al mercado, sus orientaciones
frente a la globalización y sus concepciones de la democracia.
Es evidente que Fernando Lugo no es el reflejo de la elite tradicional u
oligárquica paraguaya. Ella es más bien el arquetipo de una contra-elite que
comienza en los setenta y que en los años ochenta asume una postura crítica
frente al régimen militar. De hecho, el actual candidato trabajó durante la
dictadura a favor del necesitado y el perseguido en favor de los derechos
humanos, los cuales se transformaron en la bandera de lucha para toda una
generación política tanto del primer como del tercer mundo.
En otras palabras, la universalización de los derechos humanos ha permitido la
conformación de nuevas elites cosmopolitas que pueden exigir un singular capital
político y simbólico: la (re)valorización de las reglas democráticas como
elemento básico de la convivencia y conducción social. |
Una solución a medias es la simple agregación de especialistas sobre algunos
temas, o de soportes comunicacionales - incluyendo el uso de puntales y de
encuestas- a las actividades tradicionales de la política.
Estos, si no son incorporados en un amplio proceso de discusión, diseño, gestión
y evaluación de las políticas públicas, pueden sesgar la política: los
especialistas hacia la tecnocracia y los comunicadores hacia el populismo
inmediatita.
No obstante, sujetos individuales como el ex monseñor Fernando Lugo logran
mantener altas cuotas de adhesión ciudadana, pese a que notoriamente son
miembros de la elite paraguaya. De tal manera, puede pensarse que ciertas formas
de liderazgos logran superar la mala percepción que existe sobre la clase
política y, por lo mismo, logran capitalizar la aprobación ciudadana.
Partiendo, entonces, del supuesto que la sociedad Paraguaya tiene un malestar
frente a las elites y que liderazgos individuales logran superar esta
dificultad, ¿es conveniente generar un discurso crítico hacia las elites?
Esta pregunta no tiene mucho sentido para los candidatos de la concertación,
ellos son perfectos representantes de la elite del país, pero tampoco es muy
pertinente para Fernando Lugo, pues como candidato de la Concertación -de
integrarse a ella- también formaría parte de la elite paraguaya, lo cual no sólo
se manifiesta en que el es miembro de un grupo de hombres y mujeres -la Iglesia
Católica- que integra la coalición política que ha gobernado el país en los
últimos quince años, sino que también en que el perteneció a una elite que desde
su fundación a hecho política como lo es la Iglesia Católica.
A su vez, dentro de la coalición política de Fernando Lugo está el movimiento
Tekojoja, un partido donde resaltan ciertos rasgos de una elite aristocratizante
donde sus dirigentes consideran al voto popular "una hemorragia de recursos", es
la política del "pactos entre cuatro paredes". Tekojoja propone un programa
delirante. Este es uno del grupo de movimientos políticos de izquierda
compuestos de "apellidos importantes y burgueses", es el nacimiento de las
nuevas dinastías familiares.
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