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tipo, intensidad y frecuencia de los roces y disputas entre los partidos que
desean unirse en una Concertación y también éstos con las organizaciones vivas
de la sociedad indican que hace rato esa forma de coalición dejó de ser un
proyecto programático.
Muchos de los parlamentarios y dirigentes políticos, en cada una de las tiendas
que pretenden formar esta Concertación, actúan al borde de la ruptura, con
evidentes signos de cansancio en las relaciones con sus aliados e irritación
ante los yerros de Tekojoja de tendencia
socialista y que postula al Monseñor Fernando Lugo a la Presidencia de la
Republica 2008.
Este grupo con 1.200 delegados en 12 departamentos que integran sectores
sociales, campesinos, indígenas, gremios docentes y partidos de izquierda.
Reivindican como modelo de desarrollo la equidad, la amplia participación
ciudadana y la renegociación inmediata de los tratados de Itaipú y Yacyreta.
Sin embargo, estos planteamientos no implican todavía un convencimiento total en
los otros partidos y movimientos políticos ni mucho menos. El manejo de poder
que conlleva la conducción del Gobierno es siempre un objetivo central de
cualquier organización política y un eficiente cemento para sus alianzas, por
más disminuido que aparezca a causa de la coyuntura.
En la Concertación, la eficiencia de ese aglutinado depende crecientemente del
equilibrio, prudencia y eficiencia política y social, pues a medida que se hacen
difusos los ideales, aumenta el peso específico de la gestión de organización
como factor de unión entre los aliados.
El lema de la concertación es "cambiar el país a través del poder para construir
un Nuevo Paraguay": El ex monseñor Fernando Lugo ha concentrado todos los temas
en que adoptaría como modelo de Gobierno la Co-gestion entre sectores políticos
y sociales que se comprometan a participar y se ha movido prácticamente sin
reconocer autoridades sectoriales, con pocas excepciones, acompañado de un
estilo comunicacional que desperfila a los altos cargos de los dos partidos
tradicionales y mayoritarios del País como lo son el Partido Colorado y el
Partido Liberal, este último se autosomete -al llegar a acuerdos con el
Gobierno- de manera intermitente a escarnios públicos.
Las rutinas de los opositores a la Concertación se ven permanentemente
ensombrecidas por soluciones objetivas frente a cada problema, que aparentemente
buscan un aura fundacional para el futuro Gobierno, que está muy lejos de la
calidad de sus realizaciones.
En este escenario, los principales partidos de oposición dejan de ser un
potencial de cohesión y se transforman en uno de los principales problemas.
Agravado por el estilo clientelar, desnudo de doctrinas, que ha ido predominando
en el funcionamiento de los partidos y sus relaciones con el Estado.
Pese a que en los hechos no se evidencia una crisis estructural en la coalición
dominante, los síntomas indican un debilitamiento sistémico de ella y un aumento
de las fuerzas centrífugas, basadas en vínculos transversales valóricos y de
interés más allá de la Concertación.
La radicalidad valórica, como sello inicial de la futura Concertación, y eje
articulador de una nueva generación de políticos opositores al coloradismo, no
funciona.
Si observamos la historia reciente, podríamos comprobar cuán profundas persisten
en su convivencia interna las secuelas de esta pérdida de referentes comunes.
El empobrecimiento de la participación, la escasa adhesión a las instituciones
realmente existentes, o la imagen elitista y consumista de la democracia, brotan
por doquier a la hora de sincerar las insatisfacciones y desafecciones que
perturban a la militancia liberal.
Fue lo ocurrido en una reunión del movimiento "Cambio Imbaretevé", en la que
estuvieron representantes de varios comités del departamento Central, como J.
Augusto Saldívar, Fernando de la Mora, Ñemby y San Lorenzo.
En esa reunión Luis Alberto Wagner dijo que actualmente todo es difícil en la
lucha contra el oficialismo, "porque manejan todo, hasta la justicia", se quejó.
Asimismo, comentó que el Dr. Cesar Meza Bria fue el "ganador moral" del cargo de
intendente, en las últimas elecciones municipales en Luque.
Con este razonamiento, ha potenciado la dispersión, haciendo más patente la
inexperiencia y confusión administrativa y de organización en que se mueve,
mientras una nueva constelación política parece agitarse entre sombras.
De ahí que el desafío de sus conductores consista en reconstruir la casa en
común dentro del Partido Liberal. Aquella morada que albergue, integre y dé
sentido de pertenencia a sus miles de militantes.
Es en esa escenografía donde se escuchan frases como "refundar la República",
"Cambiar al país a través del poder del Nuevo Paraguay", "Nacerá el hombre
nuevo" y tienen lugar los llamados de los más moderados al orden o las
iniciativas de cónclaves ínter partidarios para arreglar los problemas.
Pero la ingeniería política requiere de un concepto de orden validado entre los
actores para ser viable. Y ese concepto es el que tarda en aparecer, porque la
pugna iniciada en el Partido Liberal, con corte generacional y doctrinario, es
mucho más profunda y menos transitoria de lo que se esperaba con relación a
Patria Querida. Y porque antecedentes similares existen también en el Partido
Colorado con amplias disputas administrativas a lo largo del país.
Es inevitable pensar que la nueva Concertación debiera estar consciente de la
situación y afinando el ajuste final, para situarla como una cirugía fina de su
recuperación y herramienta del ordenamiento de su coalición.
Pero también puede ocurrir todo lo contrario, caso en el cual probablemente se
adelantará de manera irremediable el debate presidencial, en un escenario de
múltiples bandas, con uso intensivo de la Asamblea de la Concertación para
definir quien será su representante en las elecciones del 2008.
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