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l tereré le ponemos algún yuyo, si lo
encontramos, y aceptamos como axioma que el mejor cebador que esta fuera
de Paraguay no puede ser mejor que el peor Made in Paraguay. No somos
originales en esto: ya Dante en la Divina comedia había advertido lo
amarga que es la comida fuera de la patria y para los paraguayos, "pe so'o josopy ndai so'oviramo ndaha'ei so'o josopy".
No somos los únicos nostálgicos, quien conoce al
Paraguay nunca lo
olvida dice el refrán popular. Una vez estuve -de paso- en el auditorio
del Teatro del Banco Central del Paraguay y a oscuras, ante los primeros
arpegios de arpas y vigüelas de un grupo chileno, cantando un 18 de
septiembre en su fiesta nacional, cientos de chilenos armaron un
contrapunto de sollozos, hipos y suspiros.
Con solidaridad latinoamericana, de otros emigrantes continentales, se
unieron al llanterío, aunque un poco más discretamente, más tarde
conversando del tema con un amigo, Jorge Cáceres(*), él me hablaba sobre
la nostalgia y el exilio. Después de oírlo hablar sobre los objetos
sentimentales que acarrea el mundo de los emigrantes, le conté el
episodio de los "Huasos chilenos" en que el público lloraba al compás de
las tonadas chilenas.
Lo anotó, levantando una ceja arreglándose su característico Kepy. Jorge
toma muy a pecho su rol de fotógrafo el captar imágenes le complace,
pareciera que las fotos le hablaran, pero esta vez tuvo una imagen que
no pudo captar y es la imagen del alma, aunque sabe de nostalgias y lo
duro que es todo fuera de la patria.
Entonces llegó a la conclusión que en cierto momento la nostalgia es la
enfermedad del alma, para un científico la "hipocondría del corazón", y
que se curaba mediante la fitoterapia (infusión a base de hierbas) té de
toronjil, tilo y siempreviva son para las penas del alma.
Vale un dato científico que nos enorgullece como paraguayos, y es que la
histología guaraní es la que mas ha aportado a la medicina mundial, por
el conocimiento que de generación en generación se han transmitido,
conservado del valor medicinal de cada planta, esto se encuentra en la
memoria histórica de nuestros nativos, y son transmitidas a nosotros,
oiko'ava ñande retã nda hesarairi chugui..
Hace unos días Jorge se acerco a nosotros anunciándonos, la confección
de su pagina web, este sitio hará menos dura la permanencia de mis
compatriotas en el exterior, será el fin de su nostalgia, sin embargo,
días atras llegó sin cumplir su promesa de poder fotografiar la
nostalgia del alma e incluir en su sitio web la foto del alma de esos
nostalgicos llorones.
A Jorge le sobran las nostalgias como fotografo profecional, tiene que
viajar, cuando lo hace lleva consigo sus propias nostalgias y la de sus
amigos en el exterior, el dejó una infinidad de amigos en las ciudades
de New York City, Westchester, New Jersey y por instinto confía mucho en
esas añoranzas.
Aunque él no lo acepta, la nostalgia restaurativa forja una imagen
pasteurizada del pasado, borrando los elementos conflictivos. La
nostalgia reflexiva, por el contrario, conlleva un escrutinio crítico de
la historia y la memoria.
No intenta reconstruir ni restaurar el pasado, ni menos negar partes de
él, sino entenderlo para evaluar y valorar el presente.
Antes, la nostalgia era un mal curable, pero en nuestra época es un
síndrome sin remedio conocido. En el esquema de Jorge, los Paraguayos de
afuera tenemos el monopolio de la nostalgia, pero se desprende que no
hemos acumulado más experiencia para enfrentarla.
Esa experiencia nos hace parte de una comunidad más heterogénea de gente
en la misma situación y amortigua el impacto del desarraigo inicial.
Nadie que haya vivido en el extranjero por un tiempo se sorprende de
entenderse mejor con otros emigrantes que con algunos compatriotas que
nunca han salido de su país.
(continuara) |