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onsiderando
detenidamente la construcción moral de un gran pueblo, como lo es el luqueño, se
puede ver como llaman la atención los conocidos carritos vendedores de comidas
que se encuentran al costado del parque Ñu Guazu.
Al verlos se percibe que profesionales de conocidas carreras, no son los que
sostienen la gran ciudad de Luque: se descartan los abogados y los médicos, cuyo
oficio es vivir de los disparates y excesos de los demás; los curas, que fundan
su vida temporal sobre la espiritual de los fieles; los militares, que venden la
suya con la expresa condición de matar a los otros; los comerciantes, que
reducen hasta los sentimientos y pasiones a los valores de la bolsa; los nacidos
propietarios, que viven de heredar; los artistas, únicos que dan trabajo por
dinero, pero...
Para los pancheros, como se los conoce hay una rara superabundancia de pequeños
oficios, los cuales, no pudiendo sufragar con lo que ganan a la manutención de
una familia, sino de varias, son más bien pretextos de existencia de verdaderos
oficios: en una palabra, modos de vivir que no dan para vivir; los que los
profesan son, no obstante, como las últimas piezas de una computadora, que sin
tener a primera vista gran importancia, rotas o separadas del conjunto la
inutilizan.
Estos seres en su marcha empujan a otros siempre a la cola de las pequeñas
necesidades de una gran población, y suelen desempeñar diferentes cargos, según
el año, la estación, y la hora del día.
Son los mismos que en noviembre venden juguetes de navidad sobre la autopista,
en diciembre, sandias o melones, en junio; en la fiesta de San Juan venden veju;
en verano helados; en invierno son cafeteros ambulantes; los que venden de todo
en agosto, en el día de reyes venden la novedad del año.
Uno de estos menudos oficios ha recibido últimamente un golpe mortal con la
sabia y filantrópica institución de chicas que hacen espectáculos en ropas
menores y sin estas, sobre los vehículos cada fin de semana; y es una lastima
porque los luqueños tenemos que soportar lo que los asuncenos no quieren, las
farras de los niños de bien, por cierto, el Intendente de Asunción, Enrique
Riera ha decretado la Ley seca, pasada la media noche no hay negocio abierto,
eso ha sido durante casi todo su mandato (2001-2006).
Esto lo dejamos como una introducción, porque lo que no falta son los incautos,
a esos se les llaman los pingüinos, estos llegan por mirones y por cerveza de
mejor calidad , solo consiguen la barata, miran lindas chicas que se sacan la
ropa y son ajenas, es decir, es el oficio de examen, y el más fácil: los
pingüinos solo miran, vienen junto a una numerosa turba de muchachos y
muchachas, trayendo todo cuanto necesitan, de esa forma perjudican a los
pancheros que, aparte de no vender nada son mal vistos por la sociedad por el
escándalo que hacen cada fin de semana, frente a sus negocios.
Por lo menos estos noctámbulos, "il bambinos del andare facile" como dice el
tano de la esquina, hubieran servido para algo, por ejemplo; podrían haber
tranquilizado a cualquiera, en especial a sus padres sobre el fin del mundo el 6
del 6 del 2006, cuyos padres es de suponer que existen, en atención a lo difícil
que es obtener hijos sin previos padres, pero no porque hubiese datos más
positivos, son los pingüinos que miran, se esparcen por las calles y paseos de
Luque.
De todas las primeras materias, el capital es el primero para empezar cualquier
cosa, todo se reduce a tener ganas de divertirte, los pingüinos llevan siempre
sobre sí mismos abundante provisión; a la luz de la filosofía, el mirar debe
tener cierto valor; cuando el mundo es todo vanidad, cuando todos los hombres
dan dinero por espectáculo, ellos solos dan buena onda con mirar.
Desgraciadamente estos pingüinos aprendices de Prometeo, se han encargado de
crear la distracción de Luque y de proveer a los luqueños y a todos los
"animales" de los alrededores de los recursos necesarios para no sobrevivir.
Le han robado el fuego a Prometeo para comunicarse a sus anchas, en este menudo
oficio, han salido del gremio para entrar en el número de las profesiones más
conocidas, de las instituciones sentadas y no reglamentadas, la farra.
Así como casi todas las mitologías hacen referencia a cómo llegó el fuego a la
humanidad. Así, se dice que el titán griego Prometeo robó la preciosa llama del
monte Olimpo, residencia de los dioses y que encendió una antorcha con los rayos
inflamados que emitía el carro del dios del sol Febo. De igual forma han robado
la llama de la tranquilidad a los lugareños de esta zona.
Pero con respecto a los demás, digamos francamente, que el hombre común nada
puede hacer, porque nada hace la autoridad. Es evidente y los hechos están a la
vista de todo el mundo, el tiempo nos determinará en su oportunidad cuáles son,
en definitiva, la secuencia de fallas y efectos combinados que terminaron la
inoperancia de estas autoridades luqueñas.
Sin embargo, desde ya es posible reflexionar acerca de estos pingüinos mirones
que merecen atención de parte de la ciudadanía. Sobre todo si son atingentes al
citado real de nuestro patrimonio vial. |