|
![]() ![]() |
a
ultima mirada sobre Luque, desde el aeropuerto fue la despedida de la patria,
dejar Paraguay, es como cuando una se separa de un valle que por mucho tiempo le
ha dado felicidad, no puedo menos que volver frecuentemente la cabeza para dar
una última mirada a esa patria donde comencé a vivir, porque en ella comencé a
sentir.
Uno de los pensamientos que comúnmente salta a la mente, es que
Paraguay tenia
las finanzas más confiables de América antes de la Guerra Grande. El entonces
general Francisco Solano López ya en 1853-1854 en un viaje a Europa pago por
adelantado, la fabricación de maquinarias que nunca fueron hechas ni entregadas.
El engaño no solo vino de nuestros vecinos, Brasil Argentina y Uruguay, sino
también de los que tenían intereses imperialistas, como los eran los de Europa.
Luque, este pueblecito situado a la falda de unas tierras altas, y en una
posición sumamente pintoresca; que se encuentra a la vista de Asunción, posee
una antigüedad sumamente curiosa: casas que conocieron el saqueo de la
soldadesca aliada en 1870 en donde fue rapiñado todo cuanto tenia algún valor en
mi querido Luque.
Caminos polvorientos que miraron en silencio la ocupación de Asunción, un 1 de
enero de 1869, el día 5 les fue muy provechoso, con todo lo robado en Luque, no
dejaron ventana con reja, todo fue llevado.
De esta patria chica Luque, se aplicó el criterio bélico de "tierra arrasada",
sus habitantes fueron aniquilados, a los que sobrevivieron los torturaron y a
las mujeres las violaron.
Según lo que cuenta el historiador Hipólito Sánchez Quell, en el libro "Los
50.000 documentos Paraguayos llevados al Brasil" y que se encuentran en un
"archivo secreto", relata que; "en ese archivo se encuentra el patrimonio
completo de la República, partiendo de; el archivo, la biblioteca, la armería
(sables, pistolas, cañones, fusiles, lanzas, banderas, espuelas, uniformes,
entre otros.), el tesoro de la imprenta que funcionaba en Luque".
Este pueblo, construido por el Español Antón de Luque, posee además, casi todo
el repertorio musical de la nación. Nuestros músicos han reconstruido los
antiguos sones del "Himno Nacional", pertenecientes a compositores nacionales,
las danzas, motivos populares, marchas, valses, sinfonías, oberturas, coros,
obras de teatro que se ha sumado a las más modernas con las obras de nuestro
dramaturgo Julio Correa.
Luque considerada históricamente, ofrece al viajero una multitud de recuerdos
patrios importantes y hace un papel muy principal en nuestras conquistas en el
mundo entero: de Luque salieron la mayor parte de nuestros ídolos, los
deportistas
José Luís Chilavert,
Julio Cesar Romero, el músico
Digno García.
"Tomada Asunción, en un incendio que consumía el Hospital de Sangre, cerca del
fuego -cuenta el relato- los arpegios de un arpa hecha con cuerdas de tripa, un
invasor aliado, las arrancaba y las tiraba al fuego gritando ¡¡Acabou
Paragua!!".
El arpa paraguaya no murió, Digno García la inmortalizo en la melodía "Cascada"
y nuestros artesanos las fabrican, son las mejores arpas que suenan en el mundo,
son luqueñas.
Las ciudades guardan en su pueblo el carácter severo de antigüedad que llama la
atención del viajero; los restos de sus murallas de casonas que antes fueron, y
la infinidad de edificios particulares repartidos por toda la geografía luqueña,
tienen un sello venerable de vejez para el artista que sabe leer la historia de
los pueblos y descifrar en sus monumentos el carácter de cada época.
La riqueza agrícola de Luque en sus inmensos baldíos, en sus praderas y
cañaverales, destinados a pastos de toda clase de ganados, sucedió que los
oficiales y comandantes aliados, después de la guerra, se enriquecieron con el
ganado arreado de estas tierras.
El memorial de la Liebig's describe: Las requisas de las fuerzas aliadas, el
saqueo de las haciendas y el arreo del ganado fueron para abastecer el consumo
de las tropas y luego para trasladar el ganado en pie a los campos del Mato
Grosso y poblar con los ganados conculcados al
Paraguay.
Antes de la Guerra de la Triple Alianza y del saqueo de las riquezas de este
país, no habían pobres en el
Paraguay, con el robo, pillaje y saqueo de este
manantial de riqueza se forjo Brasil, y sobre esta base se han acumulado
fortunas colosales.
Aun en el día de hoy, produciendo más la tierra, que lo que hoy produce,
fácilmente se concibe que el país se despobla; y en resumen la poca riqueza en
unos cuantos señores o capitalistas, resulta una desigualdad inmensa en la
división de la propiedad.
La infamia contra el Paraguay se refleja hasta nuestros días, puesto que el
pobre no halla más recurso que ser cuidador de una posesión, cuando tiene suerte
de serlo. Así es que hay pueblos enteros que se mantienen como las sociedades
primitivas, en especial en el Chaco y que están a dos pasos del estado de la
naturaleza: ejercen su profesión así en los terrenos de los propios como en las
propiedades ajenas; en ningún lugar puede estar más desconocido el derecho de
propiedad, el robo y la delincuencia.
El hombre del pueblo en Luque es generoso, perezoso, hijo de su clima, y en
extremo sobrio. Pero franco y veraz, a la par que obsequioso y desinteresado.
Se ocupa un poco de los intereses políticos, y encerrado en su vida y de bajo
perfil, no se presta a las turbulencias. Animado en el día por un mejor espíritu
de una buena causa, no se hace sentir, tampoco ofrecerá una luz un recepto a los
renegados.
La costumbre en Luque es blanquear con cal cada tres meses las fachadas de las
casas, les da un aspecto de nuevo y de limpieza; no hay edificio que parezca
viejo; en una palabra, en Luque la casa es algo animado que se lava la cara cada
tres meses.
Para pasar a Luque se sale de Asunción, y se pasa sobre un magnífico puente
sobre el Itay. No me llamó la atención, para nada Asunción, me decidí por fin
partir a trabajar al extranjero.
14 de mayo, adiós querida patria. Tendí por última vez la vista sobre mi
Paraguay y mil recuerdos personales me asaltaron; una sonrisa de indignación y
de desprecio quisieron desplegar mis labios, pero sentí que mi corazón de mujer
se oprimía, y me eche a llorar. Un minuto después mi querida patria quedaba
atrás, arrebatándomela con la velocidad de un suspiro, como si hubiera temido
que un resto de antiguo afecto mal pagado me detuviera, o me hiciera vacilar en
mi determinación, un hombre me observaba: pero era yo la que sentía.
|