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Un reciente estudio realizado por Alejandro Vial, del CIRO,
con fondos de USAID, arriesga la hipótesis de que el modelo clientelar en el
sistema político podría estar colapsando.
En este país, mucha gente mete a sus hijos a la escuela de fútbol o al modelaje,
pensando en algún venturoso porvenir económico. Ahora, muchos ponen la esperanza
en la hermana, la madre o el hijo que barre, cocina, cuida viejos o limpia
vajillas en España.
No existe para los pobres un oficio que abrigue la esperanza de un futuro
económico sostenible, con el que pueda tener casa, pagar la luz, el teléfono
(qué serio este asunto del celular), mantener la educación de sus hijos. Más de
la mitad de la gente vive en ciudades, arrinconada en casas, departamentos e
infraestructuras públicas precarios.
En 30 años, el paisaje social paraguayo ha cambiado drásticamente, así como el
follaje y el curso de los arroyos. Y hace un buen tiempo que ya no se escuchan
frases como "qué me importa si la política no me da de comer" tan común en los
70 y 80.
La soja mete poca plata y es plata que ya no se entiende muy bien en que se
reinvierte, si se reinvierte.
La carne -aparte de hacer de ella nuestro rito sagrado- redunda plata a un
sector escaso de la población, en trabajos también muy precarios. El contrabando
también genera una economía muy marginal, para los trabajadores, claro. Luego
queda el dinero de la burocracia estatal, nacional o local, con puesto, una
promesa de cargo o changa en la función pública.
El paisaje social se ha modificado grandemente. El antiguo orden que construyó
el estado paraguayo que conocemos ahora (el stronista) responde inercialmente
ampliando la clientela.
La explosión demográfica, sin embargo, en las ciudades parece más difícil de
administrar por el lado del medicamento para el hijo enfermo, la promesa de
changuita o la recomendación que se conseguía antes para el contrabando hormiga
del padrino de turno.
Hoy, una muchas familias viven del dinero de los trabajadores paraguayos en
España. Aparte de provocar desarraigo, nostalgias, fisuras familiares, este
cuadro debe estar creando un tipo de voluntad económica sedentaria.
Su relación de dependencia no es del Estado ni del patroncito, sino de un
familiar que se rompe el lomo por las tierras de Serrat. No es el primer éxodo
paraguayo, nada que ver. Unas décadas antes, la mayoría de nuestra gente iba a
parar en Buenos Aires (regresaba luego con "che" en la boca) directamente del
campo.
Su gente del campo tenía gallinas, cerdos, chacras. Cualquier dinerito que
podría traer o enviar era muchísima plata que se usaba para pintar la casa o
cambiar el rancho de paja por una casa "de material", diferenciando su hogar de
los demás pobres. "Ha oñemo pura ikuai". Esencialmente, la vida de rutina, esto
de comer, vestirse, pagar la luz, el alquiler, no dependía del familiar
extraviado por la calle Corrientes.
Entre los antiguos "patrones" de la ciudad y los campesinos proveedores de
verduras y frutas ha incubado una masa extraña, amorfa, de gente que prende a
todo volumen su purahei jae, su cachaca o reguetón; se alarga el pelo, se pinta
la uña de negro, usa colita y muchas personas más le "dan" a la marihuana, al
jugo loco "sin nada que perder, sin nada que ganar".
Algunas veces explotan de bronca contra el régimen, se apedrean con policías;
algunas veces revientan contra el "badulaque ese que se comió mi novia". O
malidice a "ese maricón que no me presta atención". Muchos rumian frustración
con rabia, poderoso cóctel, a la espera de una alguna reivindicación, aunque sea
fatal.
El modelo poderoso modelo clientelar no se ha quedado atrás, ampliando
extraordinariamente sus cuadros con el advenimiento de la "democracia". Le están
muy agradecidos muchos diputados, concejales, senadores, empresarios de la soja,
acopladores de algodón, usureros, comerciantes de cigarrillos, drogas y armas.
Es probable que para la próxima elección presidencial el sistema de clientes ya
no tenga toda la plata para cosechar los votos necesarios o que ya exista un
sector mucho más grande que tampoco esté demasiado urgido como para traficar con
él.
Es probable también que en más de 100 años de historia paraguaya se rompa o se
abra una brecha en el cuadro amigo-enemigo; colorado- liberal, cuadro al que nos
redujeron tras exterminarse el modelo de desarrollo de Francia y los López. Es
muy probable. E imprescindible.