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Gabriela Mistral, en un comentario escrito sobre la Guerra del Chaco y aparecida
en "Critica" de Buenos Aires y recopilada en artículos en "El Liberal" de
Asunción que, en ocasión del congreso de Museografia, reunido en Madrid, con
gente venida de Ginebra, sobre este conflicto cerrado que desgrana hombres y
hombres, caminando hacia la centena de mil muertos sobre un continente
despoblado.
En ese comentario se le pregunta a la poetisa chilena;
¿Qué razones de primero a quinto plano?.
Raza es la misma con unos matices en el mestizaje que los beligerantes retiñen y
que los europeos no alcanzan a distinguir.
¿Costumbre?
La misma, por lo menos en la región amagada.
¿Intereses vitales?
Los había y eran más fuertes los de Bolivia al comienzo de la guerra, por el
ansia de aquel puerto fluvial, cuyo alegato justo convalecía a muchos diarios de
Europa, habiendo del lado paraguayo el interés moral de guardar intacto su
perímetro territorial. Ahora, el interés vital de la propia Bolivia y del mismo
Paraguay no reside sino en que la pesadilla se rompa de una vez y con cualquier
resultado.
Ya el orgullo se bajo a la soberbia, y esta, que es todavía ritmo tónico, se
agacho a la vanidad y a la amargura, si no es al despecho de ambos combatientes.
En las luchas individuales de los nuestros, que conocemos por una vida entera,
en los conflictos políticos o sociales, el caso es el mismo, microscópico para
el mundo, pero terrible para nuestros pueblos.
Peleamos los americanos rara vez por derechos, casi nunca por ideologías
acérrimas; rodamos revueltos en un triste bulto enlodado, por una migajeria
larvada de vanidades; nos desquijáramos como ciervos, que no como toros, por
unas mostacillas de amor propio.
No dan, no aciertan a comprender los vecinos de estos dos países, la estupenda
vanidad continental, que ellos ignoran que han saltado a mitad de la liza un
vicio americano, que en cualquier país no pasa de ser un pecadillo grotesco y
menudo pero que entre nosotros, se vuelve una tragedia para nuestros pueblos; la
vanidad, no ya el amor propio nacional, sino la pequeña y vasta vanidad criolla,
parecida a la hierva de nuestras pampas, mínimas e infinitas"
Y nunca conseguimos parecer, épicamente, malos, sino, a lo mas, insensatos,
niños desventurados a los que dieron, a causa de un error, alcoholes, subidos o
drogas perversas, carne de carne, hueso de hueso, según se envanece, de quienes
se baten, en una lucha inenarrable, bajo los cielos diáfanos de la América
libre"
Todo esto lo decía enfáticamente, como consulesa de la República de Chile en
Madrid, Gabriela Mistral, en un esfuerzo desesperado por detener la guerra que
desolaba a ambas naciones, el esfuerzo diplomático tuvo sus frutos dos años mas
tarde, se logran parar las hostilidades el 14 de junio de 1935, al medio día.
El tratado definitivo fue redactado y firmado en Buenos Aires el 21 de julio de
1938 por las partes implicadas y por los demás participantes, en tanto que
mediadores, en la Conferencia de Paz del Chaco: Estados Unidos, Chile, Perú,
Brasil, Argentina y Uruguay.
Luego de 1.095 días finalizo la más estúpida de las guerras, como la calificó el
conductor civil de la contienda por el lado paraguayo, el Dr. Eusebio Ayala.
En tanto que, el victorioso conductor militar paraguayo de la guerra, General
Comandante en Jefe del Ejercito en Campaña, José Félix Estigarribia,
dirigiéndose a Jefes, Oficiales, Clase y Soldados Combatientes y de Servicios
decía;
"A todos mi gratitud de paraguayo y de soldado. Yo llevaré a la tranquilidad de
mi hogar, como el más grande honor de esta guerra, el haber sido vuestro
Comandante en Jefe"
El Paraguay, siempre fue pequeño en población, sin embargo, es un país que
mereció la consideración de muchas otras naciones, por la calidad de su alma
nacional, producto a su vez de la suma del espíritu de sus ciudadanos.
Las naciones, habría que insistir, deben conocer y recordar su pasado, no para
tratar de inmovilizarse en él, pero sí para discernir aquellos elementos que
deben serles eternos y para sacar las lecciones que surgen de su experiencia, de
que el acuerdo mediante el dialogo, siempre será fructífero y evita el
sufrimiento humano.
La más inmediata consecuencia de la guerra fue que cerca de 50.000 bolivianos y
35.000 paraguayos murieron en el transcurso de la guerra.
De otro lado, los dos países contendientes hubieron de hacer frente desde el
mismo alcance de la tregua a la crisis económica e institucional derivada de su
participación en tan sangriento conflicto.
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