Los artesanos  al carecer de un lugar permanente donde vender sus productos, realizan exposiciones.

a explotación agrícola, especialmente la del algodón, demuestra claramente que los indígenas del país tenían, antes de la conquista española, una independencia económica, admirada por los europeos a su llegada. Fueron los indígenas que dieron de comer a los primeros en llegar. También les dieron vestidos.

En este contexto, la mujer nativa tuvo mucha relevancia. Félix de Azara, al hacer referencia al método empleado por los payaguáes para la producción de hilos, dice: "Los payaguáes y todas las indias silvestres que hilan, hacen del algodón una larga salchicha sin torcerla y la envuelven flojamente en el brazo izquierdo.

Luego sentadas en tierra con las piernas estiradas, resbalan el huso sobre el muslo desnudo, torciendo poco el hilo, que van recogiendo en la mitad alta del huso, que es largo tres palmos.

Cuando han hilado así, lo envuelto en el brazo, lo devanan en la mano izquierda y lo tuercen segunda vez, recogiéndolo en la mitad inferior del huso.

Así sin doblarlo, disponen el urdido entre dos varas apartadas lo que la manta, ó tela ha de tener de largo, y sin lanzadera ni peine, pasan el hilo con la mano apretándole con una regla de madera.

Las naciones del núm. 45, hilan regularmente y usan telares o para tejer. Los payaguáes y demás indias nunca cosen ni cortan sus telas para hacer vestidos limitándose á envolverse en la manta desde el estómago abajo, y alguna vez desde el hombro.

Los varones van totalmente desnudos, pero si hace frío o entran en la ciudad, se echan al hombro su manta tapando lo esencial, otros se ponen una estrechísima camisa, sin cuello ni mangas".

En 1539 se produjeron las primeras cuatro varas de tela de lienzo tejidas en el país y fueron utilizadas como ornamentos de la nueva Iglesia Asuncena*1. Su decaimiento se produjo recién en el siglo pasado por razones ajenas a la voluntad de los nativos.

Cuarenta años después, en 1576, una vara de lienzo tenía el precio de dos cerdos o viceversa, ya que la moneda de la época era precisamente el lienzo. Por algo el lienzo de algodón pasó a ser la moneda. El patrón de los valores.

Tras la expulsión de los jesuitas del Paraguay, decretada por S.M., el Rey de España, el 27 de febrero de 1767, los fabricantes de tejidos comenzaron a deambular por toda la región con sus telares a cuestas, en busca de trabajo.

Surgió la costumbre de los telares ambulantes. "Recorrían el país tejedores que llevaban al hombro su sencillo telar; lo montaban a la orilla del camino bajo un naranjo; aseguraban el rodillo a una rama y lo equilibraban abajo con piedras que colgaban también con guascas para asegurar las cárcolas", dice Jorge Masterman.*2.


uando llego Alvar Núñez Cabeña de Vaca llega con los religiosos a estas tierras, los varones vivían prácticamente desnudos, mientras que las mujeres no contaban más que con una pequeña mantilla con la que cubrían sus vergüenzas.

Azara dice que los jesuitas daban por vestido a los varones "un gorro, una camisa, calzones y poncho, todo de lienzo de algodón grueso, claro y ordinario, agrega el historiador que el vestido de las mujeres se redujo al "Tipos ó camisa sin mangas del citado lienzo, ceñida a la cintura" Según parece, "tipos o camisa sin mangas que habla Azara, el hablar popular lo transforma en "typoi" y tuvo su origen en Misiones.

La utilización de adornos en las prendas se puede apreciar a simple vista.

Del typoi llego el ÑANDUTI aunque este al comienzo no tuvo mucha simpatía; fue la vestimenta impuesta a las mujeres indígenas. Los misioneros y cronistas religiosos lo encontraban escandaloso y poco honesto (era abierto al costado en medida exagerada, pues a las mujeres indias les era cómodo amamantar a sus hijos. El typoi por lo general se extendió por todo el área colonial.*3

El ñandutí en estos días, es un tejido muy preciado y ha ganado fama internacional, los tejidos de ñandutí son diseñados delicadamente por artesanas luqueñas, el exquisito buen gusto, en trabajos hechos con paciencia, se sigue confeccionando en la forma que la confeccionaban durante la colonia, algo que la tecnología moderna no ha podido superar.

El tejido de ñandutí está ganando cada vez más adeptos entre diseñadores de moda de nuestro país e inclusive del exterior. Las artesanas con su incansable trabajo, lo hacen arduamente, con el bastidor y con aguja, a mano consiguen elaborar los ñandutíes más admirados.